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Disertación filosófica

La disertación filosófica

Consiste en un texto personal en el se expone claramente un problema filosófico tratando, en lo posible, de «resolverlo». Supone un esfuerzo de reflexión que exige pericia para conducir y expresar el propio pensamiento. Es un “acto filosófico” que requiere aprender una técnica, ya que se trata de un género particular de composición escrita con unas reglas específicas a las que conviene ajustarse.

La disertación implica la relación con un destinatario y exige la voluntad de convencer por medio de la argumentación. Así pues, esta técnica filosófica sólo es pensable como un diálogo basado en la argumentación racional.

En ella se pone a prueba el espíritu crítico de quien la elabora y la capacidad de plantear y analizar las nociones y problemas que un tema pone en juego. En definitiva, se pretende construir una reflexión clara, rigurosa y coherente; no se trata, en absoluto, de reproducir una lección aprendida.

El modelo de disertación más extendido consta de tres partes: introducción, desarrollo y conclusión.

1. Introducción

Tiene que ser precisa y no muy extensa (10 ó 15 líneas como máximo). En ella se plantea el problema o problemas presupuestos en el título de la disertación, cuál es su importancia, su historia y si tiene actualidad.

Si el tema no está formulado en forma de pregunta, entonces es pertinente abrir una o varias cuestiones que muestren el problema o problemas filosóficos contenidos en el mismo. Por ejemplo, si el tema es «Libertad y liberación», una de las preguntas que podríamos hacer es: «¿La libertad conduce siempre a la liberación?» Con ello, la reflexión se enfoca de forma más directa.

En la introducción no es necesario adelantar la solución (tesis) a la que se quiere llegar, ésta se puede descubrir al hilo de las argumentaciones expuestas en el desarrollo y expresar con claridad en la conclusión. Aunque también se puede mostrar una postura en la introducción, justificarla en el desarrollo y afirmarla de nuevo en la conclusión.

Es conveniente indicar los pasos que se van a seguir en el desarrollo (un plan de desarrollo).

2. Desarrollo

En esta parte se despliega y llena de contenido el plan proyectado. Para ello hay que poner en juego los conocimientos que se tienen sobre la materia en cuestión, sin divagar hacia cuestiones irrelevantes. Es el espacio dedicado al debate, a la discusión de tesis diferentes. Tal discusión debe estar argumentada con claridad, precisión y coherencia, e ilustrada con ejemplos y comparaciones.

No existe un plan universal válido para todos los temas. Son siempre posibles varios tipos de estrategias. Sin embargo, ciertos asuntos demandan un determinado plan. Por ejemplo:

a) Cuando el tema exige afirmar o negar una tesis como la siguiente: «¿Se puede decir que los seres humanos somos libres?», el plan puede comenzar exponiendo la tesis que se rechaza; seguidamente, los argumentos de la misma; para luego refutar dichos argumentos y pasar a establecer la tesis contraria, que es la que se quiere defender. O bien, se puede empezar exponiendo la tesis a defender con sus respectivos argumentos; después, las objeciones contra esa tesis; y, por último, la refutación de esas objeciones.

b) Cuando permite afirmar o negar una tesis, pero también una postura intermedia: una síntesis, entonces se puede plantear una estrategia dialéctica. Por ejemplo, ante la cuestión «¿Se puede decir que la cultura es la que hace al ser humano?», la respuesta puede defender que «la cultura es la que hace al ser humano» o que «el ser humano es el que hace la cultura», pero también ambas a la vez. El plan dialéctico tiene tres partes: la primera, la presentación y defensa de una tesis; la segunda, la exposición y el apoyo de la antítesis; y tercera, la síntesis. Este procedimiento implica que la tesis y la antítesis no son realmente contradictorias, sino que son compatibles.

c) Cuando se trata del análisis de una noción o concepto, como por ejemplo: «¿Qué es la verdad?», entonces el plan será analítico: primero la noción se descompondrá en los elementos que la integran y se dará su definición; segundo, se estudiarán aquellos conceptos que se derivan inmediatamente de ella; y tercero, se desarrollarán los problemas que genera: sus interpretaciones, su importancia y valor, etc.

d) Cuando plantea la relación que existe entre dos o más conceptos, por ejemplo: «Opinión, creencia y saber», conviene hacer en primer lugar el análisis de cada uno de los conceptos planteando desde el principio la relación entre ellos; y, después, exponer los argumentos que defienden la relación propuesta, aclarando si son conceptos que entran en contradicción, si se presuponen, si se reducen unos a otros, etc.

3. Conclusión

En la conclusión se resumen brevemente todos los argumentos expuestos, así como se destaca y afirma a dónde conducen tales argumentos.

Si hemos planteado preguntas en la introducción, será el momento de darles respuesta de manera clara y concisa. Pero si no consideráramos cerrado el asunto, convendría formular alguna nueva pregunta que invite a seguir reflexionando.

En la conclusión podemos implicarnos personalmente con más rotundidad, pero siempre dando las razones que justifiquen las opiniones expuestas. También es conveniente usar algún recurso literario y esforzarse por cuidar el final, intentando que el lector se quede gratamente impresionado.
Algunos consejos

1. Asegúrese de que la argumentación está ordenada y es coherente: para ello utilice correctamente las partículas de enlace («luego», «así pues», «entonces», «por lo tanto» ... ), indicando la operación que realiza en cada momento: «Paso a presentar... »; «A continuación analizaré... »; «Voy a enumerar las objeciones... ».

2. Debe alcanzar un equilibrio entre la longitud de cada parte. La introducción y la conclusión deben ser más o menos igual de extensas y ocupar cada una de ellas una quinta parte del total. El desarrollo es el espacio más amplio.

3. Separe la introducción, el desarrollo y la conclusión utilizando el punto y aparte, el sangrado de la primera línea y un doble espacio interlineal en blanco.

4. Redacte distinguiendo párrafos. Para ello, utilice el punto y aparte y el sangrado de la primera línea. Los párrafos son especialmente importantes en el desarrollo, para separar las ideas y argumentos expuestos.

5. Al principio se puede hacer una introducción provisional y redactar la definitiva al final, cuando tenga la visión de conjunto.

6. Es aconsejable recurrir a ejemplos de la historia, de la literatura, del arte, de la religión y de su experiencia de la vida sin caer en una casuística superficial.

7. Recuerde que el vocabulario técnico de la filosofía no debe conducir a la oscuridad incomprensible. No use un término si no sabe lo que dice.

8. Guarde un tono mesurado en tus juicios, tanto cuando apruebe algo como cuando lo critique.

9. Evite que la argumentación se pierda en frases demasiado largas, pues suelen resultar confusas y complicadas, por ello es aconsejable que redacte preferentemente frases cortas.

10. Cuide la ortografíe y, especialmente, la puntuación, esta última hará más inteligible el texto que elabore. Y no olvide su caligrafía: procure que sea legible.
Orientaciones para autoevaluar una disertación

Las siguientes preguntas pueden darle criterios útiles para autoevaluarse:

¿Se distinguen las diferentes partes?
¿Hay secuencialidad argumentativa: nos va llevando la exposición ordenadamente de una idea a otra?
¿Se sacan a la luz los presupuestos, las causas y las consecuencias de las ideas o tesis?
¿Se distinguen los puntos de vista con los que se está de acuerdo y con los que no?
¿Se diferencia entre lo que ud. afirma y lo que entienden otros?
¿Se explicitan las ideas dando información contenida en alguna de las unidades didácticas estudiadas?
¿Se dan razones para justificar la tesis defendida?
¿Son correctos los argumentos empleados? Es decir, ¿no se entra en contradicción ni se cometen falacias?
¿Se formulan las definiciones de los conceptos, con precisión y propiedad?
¿Se utilizan ejemplos y comparaciones que ayuden a justificar lo que se dice?
¿Se hacen referencias a pensadores u obras filosóficas?
¿Se evita que las referencias se conviertan en el tema principal, dándoles una extensión excesiva?
¿Se presenta con claridad una alternativa o varias «soluciones» (tesis) al problema?

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