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domingo, 22 de noviembre de 2020

“Hijas del Agua”

Por: Wade Davis
21 nov. 2020 

Presentamos el texto introductorio del libro “Hijas del agua”, compuesto por fotografías de Ruvén Afanador, intervenidas por la artista plástica Ana González.

“Hijas del agua ” fue primero una muestra de fotografías realizadas a indígenas en Colombia. / Ruvén Afanador

Este libro celebra los orígenes míticos. Cada obra de arte constituye una plegaria. Juntas, despiertan los hilos místicos de la memoria que se remontan al amanecer de la creación, a un momento cósmico en que las mujeres y el agua, como una sola fuerza generadora, daban vida y fertilidad a un mundo caótico y desolado. Del mito surgieron el orden moral y la cortesía, las conductas apropiadas, lecciones de vida de los dioses.

Al principio, según los Hermanos Mayores, todo era agua y oscuridad. No había tierra, ni sol, ni luna, ni nada vivo. El agua era la Madre Creadora. Era la mente dentro de la naturaleza, la fuente de todas las posibilidades. Era la vida naciendo, el vacío y el pensamiento puro.

En el primer amanecer, la Mamá Grande comenzó a hilar sus pensamientos. Depositó un huevo en el vacío y el huevo se convirtió en el universo. El universo tenía nueve capas: cuatro del mundo inferior y cuatro del superior, y el mundo central de los seres humanos como plano de contacto.

La Mamá Grande se fertilizó a sí misma y dio a luz a Sintana, un jaguar de cara negra, el prototipo del ser humano. En el primer amanecer, el universo todavía era blando. La Mamá Grande lo estabilizó clavando su enorme huso en el centro, ensartando las nueve capas en el eje del mundo. Los Señores del Universo, nacidos de la Mamá Grande, hicieron retroceder el mar e irguieron la Sierra Nevada en torno al eje del mundo. Entonces la Mamá Grande desenrolló una hebra de algodón de su huso y con ella trazó un círculo alrededor de las montañas, circunscribiendo así la Sierra Nevada de Santa Marta, que declaró ser la tierra de sus hijos.

De esta manera, el huso se convirtió en un modelo del cosmos. El disco es la Tierra, la hilaza es el territorio de la gente y las hebras individuales de algodón devanado son los pensamientos del Sol. El cono de hilo blanco representa las cuatro capas del mundo superior, pero debajo del disco el algodón es negro e invisible. El Sol, al moverse alrededor de la Tierra, devana el hilo de la vida y lo recoge en torno al eje del cosmos, las montañas de la Sierra Nevada, la tierra natal de los arhuacos, koguis y wiwas. 

Hasta el día de hoy, los pueblos de la Sierra siguen fieles a sus leyes ancestrales —los mandatos morales, ecológicos y espirituales de la Mamá Grande— y todavía es un sacerdocio ritual de mamos lo que los guía e inspira. Creen y reconocen abiertamente que son los guardianes del mundo, que sus rituales conservan el equilibrio y la fertilidad de la vida. Son plenamente conscientes de que sus antepasados comunes, los taironas, libraron una guerra fiera pero fútil contra los invasores en 1591. En su reducto montañoso, aislados de la historia durante al menos tres siglos, optaron deliberadamente por transformar su civilización en una cultura consagrada a la paz.

Hoy, cuando los mamos se pronuncian, inmediatamente resulta evidente que sus puntos de referencia no corresponden con nuestro mundo. Se refieren a Colón como si su llegada fuera un evento reciente. Hablan de la Mamá Grande como si estuviera viva; y para ellos lo está, resonando y manifestándose en cada instante bajo su concepto de aluna, una palabra que se traduce como agua, tierra, materia, espíritu generativo y fuerza vital. Lo que importa, lo realmente valioso, lo que le da sentido a la vida, no es lo que puede ser visto y medido, sino lo que existe en el reino de aluna, una dimensión abstracta de significado.

Los sombreros cónicos que llevan los hombres arhuacos representan las cumbres nevadas de los picos sagrados. Los vellos corporales de una persona son un eco de los bosques que cubren las laderas de la montaña. Cada elemento de la naturaleza contiene un significado más elevado, de modo que incluso la más modesta de las criaturas puede ser vista como un mentor, y el grano de arena más diminuto es un espejo del universo.

Los arhuacos no hacen ninguna distinción entre el agua dentro del cuerpo humano y la que existe por fuera de este. La sangre que fluye por sus venas no es diferente del agua que fluye por las arterias de la vida, los ríos de la Tierra. Ellos ven una relación directa entre la orina, la sangre, la saliva y las lágrimas, y las aguas de un río, un lago, una ciénaga y una laguna.

Y en esto sin duda están en lo cierto. Los humanos nacemos del agua, en un confortable capullo en el vientre de una madre. En la infancia, nuestros cuerpos están compuestos prácticamente de líquido. Incluso de adultos, solo una tercera parte de nuestro ser es realmente sólida. Si se suprimen nuestros huesos, ligamentos, músculos y tendones, se extraen las plaquetas y las células de nuestra sangre, el resto de nosotros, casi dos tercios de nuestro peso, limpio y purificado, fluiría con la facilidad de un río que corre hacia el mar.

Los mamos dicen que cada animal que habita la Sierra Nevada, al igual que cada hierba y cada árbol, sobrevive debido al mar. Todo está en equilibrio. El aire se transforma en viento, el viento se condensa en nubes, de las cuales se precipita la lluvia para recorrer la tierra a través de los ríos y regresar al mar, donde asciende de nuevo, transportada por el viento.

El hielo se forma en los picos más altos para enfriar el mar, que a falta de agua fresca podría calentarse demasiado. Pero si el mar se tornara demasiado frío, no podría generar la energía necesaria para brindarle luz y vida al mundo. Cuando un río desemboca en el mar, estas dos energías convergen, al igual que el hayo, la hoja de coca sagrada, reúne el poporo —un calabazo de las montañas— con la cal obtenida de conchas halladas en el mar.

Los ríos son como las personas. Cuando son pequeños, se les debe cuidar. Cuando crecen y se unen con otros arroyos, deben aprender a socializar y llevarse bien. A medida que aumentan su fuerza, deben retribuírselo a la comunidad, cediéndole un poco de su agua pero no toda. Al madurar, cuando entran en sus últimos años y se vierten en los océanos del mundo, están buscando regresar a la Madre Creadora, pues el mar es el útero de todos los orígenes.

En esta trama cósmica las personas son vitales, puesto que únicamente a través del corazón y la imaginación del humano puede manifestarse la Mamá Grande. Para los Hermanos Mayores, las personas no son el problema sino la solución. “Sabemos mucho más sobre la vida que los Hermanos Menores”, explica un mamo arhuaco. “Jamás destruiríamos un río, ya que hacerlo sería destruirnos a nosotros mismos”.

Para los indígenas del Vaupés, los ríos no son solo rutas para comunicarse; son las venas de la Tierra, el vínculo entre los vivos y los muertos, los caminos que recorrieron los ancestros al comienzo de los tiempos. Sus mitos fundacionales varían, pero siempre hablan de una gran peregrinación que provino del este, de canoas sagradas remontando el Río de Leche, remolcadas por anacondas gigantes. En las canoas venían las primeras personas, junto con las tres plantas más importantes: la coca, la yuca y el yagé, obsequios del Padre Sol.

Cuando las serpientes llegaron al centro del mundo, se tendieron sobre la tierra y se extendieron como ríos, formando desembocaduras con sus poderosas cabezas, desenroscando sus colas hacia cabeceras remotas y creando raudales y cascadas con las ondulaciones de su piel. Esto dio origen a la tierra natal de los makunas, barasanas, tanimukas, tucanos y todos los demás pueblos de la Anaconda.


Los makunas reconocen esta travesía primordial, pero ubican la génesis del mundo en una época aun más remota, cuando solo había caos en el universo. Espíritus y demonios conocidos como los Je acechaban a sus semejantes, copulaban sin pensar, cometían incesto sin consecuencias, se devoraban a sus propias crías. La Madre Ancestral, Romi Kumu, la mujer chamán, respondió destruyendo el mundo con fuego e inundaciones. Entonces, así como una madre le da la vuelta a una torta de casabe caliente en el budare, ella le dio la vuelta a aquel mundo anegado y calcinado y creó una matriz llana y vacía donde la vida pudiera emerger de nuevo. Romi Kumu abrió su útero para permitir que su sangre y su leche materna dieran origen a los ríos y que sus costillas se convirtieran en las cadenas montañosas de la Tierra. Como mujer chamán, dio a luz a un mundo nuevo: tierra, agua, bosques y animales.

En un relato de la creación paralelo, cuatro grandes héroes de su cultura —los Ayawa, ancestros míticos también conocidos como “los Truenos”— remontaron el Río de Leche, atravesaron la Puerta de Agua y, empujando ante ellos las trompetas sagradas de Yuruparí a manera de arados, crearon valles y cascadas. Los ríos nacieron de su saliva. Las astillas de madera que salieron despedidas por el esfuerzo se convirtieron en los primeros artefactos rituales y en instrumentos musicales. A medida que los Ayawa se dirigían al centro del mundo, las notas de las trompetas dieron vida a las montañas y las mesetas, los pilares y los muros de la maloca cósmica.

En cada recodo, los Ayawa se enfrentaron a fuerzas viles y demoníacas, espíritus mezquinos que se nutrían de la destrucción y codiciaban el mundo. Superando en ingenio a los monstruos y labrándolos en piedra, los Ayawa instauraron el orden en el universo, liberando la esencia y la energía del mundo natural en beneficio de todas las criaturas sensibles y de toda forma de vida. Luego, al sustraer el fuego de la creatividad de la vagina de Romi Kumu, le hicieron el amor, y entonces, plenamente saciados, ascendieron al cielo para convertirse en rayos y truenos.

Tras descubrir que había quedado embarazada, la mujer chamán descendió por el río hasta la Puerta de Agua del este, donde dio a luz a la anaconda ancestral. Con el tiempo, la serpiente desanduvo la tortuosa travesía de los Ayawa, retornando en cuerpo y espíritu a las riberas, las cascadas y las piedras, donde engendró al clan ancestral de los barasanas y los makunas, y a todos sus vecinos.

El mundo de los makunas comienza en las cascadas de Yuisi y termina en el raudal del Jirijirimo, en el río Apaporis. Las colinas de Taraira, las cascadas de Yuruparí en el río Vaupés, el cañón de Araracuara en el río Caquetá, los riscos escarpados más allá de Kanamarí: todos estos puntos de referencia físicos y geográficos están impregnados de la memoria del origen y permanecen vivos y vibrantes, como una geografía mítica escrita sobre la tierra. Cada lugar forma parte de un vínculo sagrado que evoca una era inconcebiblemente lejana en la que los Ayawa les entregaron a los humanos la energía pura de la vida, y encomendaron la eterna obligación de administrar el flujo de la creación a todos los pueblos de la Anaconda.

Para la gente que hoy habita los bosques del Apaporis y el Piraparaná, el mundo natural entero está colmado de significado y sentido cósmico. Cada piedra y cada cascada encarnan una historia.

Las plantas y los animales no son más que manifestaciones físicas de la misma esencia espiritual. De la misma manera, todo es mucho más de lo que parece, puesto que el mundo visible es un solo nivel de la percepción. Detrás de toda forma tangible, de cada planta y cada animal, hay un mundo de sombras, un lugar invisible para las personas comunes, pero visible para el chamán.

Aquel es el reino de los espíritus Je, un mundo de ancestros deificados donde las rocas y los ríos están vivos, las plantas y los animales son seres humanos, y la savia y la sangre son los fluidos corporales del río primigenio de la Anaconda. Ocultas entre los raudales, tras el velo físico de las cascadas, en el corazón de las piedras, están las malocas de los espíritus Je, donde todo es hermoso: las plumas brillantes, la coca, la totuma con rapé, que es además el cráneo y el cerebro del sol.

Es a este reino de los espíritus Je a donde el chamán se dirige durante los rituales. Al chamán barasana poco le interesan las plantas medicinales. Su deber y labor sagrada consiste en desplazarse por el reino atemporal de los Je, captar los poderes primordiales y canalizar y restaurar la energía de toda la creación. Es como un ingeniero moderno que se adentra en las profundidades de un reactor nuclear para renovar la totalidad del orden cósmico.

Dicha renovación es la obligación fundamental de los vivos. En la práctica, esto significa que los barasanas ven la tierra como algo potente, y el bosque como un ser viviente, colmado de seres espirituales y poderes ancestrales.Vivir de la tierra equivale a aceptar tanto su potencial creativo como el destructivo. Los seres humanos, las plantas y los animales comparten los mismos orígenes cósmicos, y en un sentido profundo son considerados esencialmente idénticos: sensibles a los mismos principios, obligados a los mismos deberes, responsables del bienestar colectivo de la creación.

Es a este reino de los espíritus Je a donde el chamán se dirige durante los rituales. Al chamán barasana poco le interesan las plantas medicinales. Su deber y labor sagrada consiste en desplazarse por el reino atemporal de los Je, captar los poderes primordiales y canalizar y restaurar la energía de toda la creación. Es como un ingeniero moderno que se adentra en las profundidades de un reactor nuclear para renovar la totalidad del orden cósmico.

Dicha renovación es la obligación fundamental de los vivos. En la práctica, esto significa que los barasanas ven la tierra como algo potente, y el bosque como un ser viviente, colmado de seres espirituales y poderes ancestrales.Vivir de la tierra equivale a aceptar tanto su potencial creativo como el destructivo. Los seres humanos, las plantas y los animales comparten los mismos orígenes cósmicos, y en un sentido profundo son considerados esencialmente idénticos: sensibles a los mismos principios, obligados a los mismos deberes, responsables del bienestar colectivo de la creación.

No hay separación entre la naturaleza y la cultura. Sin el bosque y los ríos, los humanos perecerían. Pero sin gente, el mundo natural no tendría orden ni significado. Todo sería caos. Por esta razón, las normas que guían el comportamiento social también definen la manera en que los seres humanos interactúan con lo salvaje, las plantas y los animales, los múltiples fenómenos del mundo natural, el rayo y el trueno, el sol y la luna, el aroma de una flor naciente, el agrio hedor de la muerte.

Todo está relacionado, todo está conectado, todo hace parte de una gran totalidad integrada. La mitología infunde significado a la tierra y a la vida, codificando expectativas y comportamientos esenciales para sobrevivir en el bosque, anclando cada comunidad, cada maloca, al espíritu profundo del lugar.

Estas ideas cosmológicas tienen consecuencias ecológicas muy reales, tanto en la manera en que vive la gente como en el impacto de esta sobre su entorno. El bosque es el reino de los hombres; el jardín, el dominio de las mujeres, donde dan a luz a las plantas y a sus hijos. Las mujeres atienden treinta o más cultivos y estimulan la fertilidad y la fecundidad de unas veinte variedades de frutos y nueces silvestres. Los hombres solo cultivan tabaco y coca, que siembran en caminos angostos y sinuosos a través de los terrenos de las mujeres, como serpientes entre la hierba.

Para las mujeres, el acto de cosechar y preparar el casabe, el pan diario, es un gesto de procreación y una forma de iniciación. El fluido almidonado que queda después de que el amasijo rallado es lavado por completo se considera sangre femenina que puede tornarse potable mediante el calor, y se bebe tibio como la leche materna. La fibra cruda de la mandioca se asemeja a huesos humanos. Calentado en el budare, moldeado por manos de mujer, el casabe es el medio por el cual los espíritus de las plantas silvestres se domestican para el bien de todos.

Como toda la comida, tiene un potencial ambivalente. Otorga la vida pero también puede traer enfermedades y mala suerte. Por lo tanto, nada que no haya pasado por las manos de una persona mayor, y sido bendecido y limpiado espiritualmente por el chamán, puede comerse. Entendida de esta manera, la comida es poder, puesto que representa la transferencia de energía de una forma de vida a otra. A medida que un niño crece, a él o a ella se le introduce paulatinamente en nuevas categorías de alimentos, y restricciones alimentarias severas marcan las principales etapas de la vida: los ritos de iniciación para el hombre, las primeras menstruaciones para una mujer, momentos de transición en los que el ser humano, por definición, entra en contacto con el reino espiritual de los Je.

Cuando los hombres van al bosque a cazar o pescar, nunca se trata de un suceso trivial. Antes de ello, el chamán debe viajar en trance para negociar con los amos de los animales y pactar un contrato místico con los guardianes del espíritu, un intercambio basado siempre en la reciprocidad. Los barasanas lo comparan con el matrimonio, puesto que cazar también es una forma de cortejo, una actividad en la que se busca la bendición de una autoridad superior para tener el honor de traer un ser precioso a la familia.

La carne no es un derecho del cazador, sino un obsequio del mundo espiritual. Al matar sin permiso se corre el riesgo de morir a manos de un guardián del espíritu, ya sea en forma de jaguar, de anaconda, de tapiro de águila harpía. El hombre en el bosque siempre es tanto predador como presa.

Los mismos protocolos sociales cautelosos y convenidos que mantienen la paz y el respeto entre clanes vecinos, que facilitan el intercambio de bienes rituales, alimento y mujeres, se aplican a la naturaleza. Los animales son parientes potenciales, al igual que los ríos y los bosques salvajes forman parte del mundo social de las personas.

La combinación de estas ideas y restricciones crea lo que esencialmente es un plan de manejo territorial inspirado en el mito. Tramos enteros del Piraparaná, hogar de varios cientos de especies de peces, son considerados zonas vetadas por razones espirituales. Las sanciones chamánicas, aunque inspiradas por la cosmología, tienen el efecto real de mitigar el impacto de los seres humanos en el medio ambiente. Y puesto que los eventos mitológicos que inspiraron dichas creencias perduran, el resultado es una filosofía viviente que realmente percibe al hombre, la mujer y la naturaleza como una sola entidad.

Todo esto cobra vida en las majestuosas ceremonias estacionales que reúnen a las familias del alto y el bajo Piraparaná y más allá. Se pasan días enteros sin descanso. En cuanto comienzan los rituales, el tiempo colapsa. Hay dos series de danzas, separadas por los momentos liminales del día: el amanecer, el atardecer y la medianoche. Los atuendos ceremoniales no son meramente decorativos. Una corona de plumas de oropéndola realmente es el sol, y cada una de sus plumas amarillas, un rayo de luz. Es la conexión literal con el espacio sagrado, las alas hacia lo divino.  

Al ponerse las plumas, la corona amarilla del pensamiento puro, las plumas de la garza blanca de la lluvia, los hombres realmente se convierten en sus ancestros, al igual que el río es la anaconda, las montañas los pilares de la casa que es el mundo, el chamán cambia de forma, por momentos es depredador, y enseguida, una presa. Cambia de pez a animal a ser humano y vuelve a empezar, trascendiendo cada forma, convirtiéndose en la energía pura que fluye a través de todas las dimensiones de la realidad, el pasado y el presente, aquí y allá, en lo mítico y en lo mundano. Sus cantos llaman por su nombre a cada punto geográfico alcanzado durante la travesía ancestral de la Anaconda, topónimos que pueden rastrearse hacia el este con absoluta precisión, durante más de 1.600 kilómetros río abajo en el Amazonas.

Los blancos ven con los ojos, pero se dice que los barasanas ven con la mente. En las alas del trance, viajan tanto a los albores del tiempo como hacia el futuro, visitando cada lugar sagrado, rindiéndole homenaje a cada criatura, a la vez que celebran su más profunda percepción cultural: la comprensión de que los animales y las plantas tan solo son personas en otra dimensión de la realidad.

Quinientos años después de la conquista, Colombia sigue siendo hogar de más de ochenta naciones indígenas distintivas y vibrantes. Aunque son un pequeño porcentaje de la población total del país, se trata de una fuerza colectiva de dos millones de personas, alrededor de la misma cantidad de nativos que se cree que habitaba en Colombia al momento del contacto europeo. Ellos, y todas las generaciones que les antecedieron, han vivido tiempos sombríos. Todos son sobrevivientes de El Dorado. Y, sin embargo, en lo que solo puede ser descrito como un pequeño milagro, a lo largo de los años sus voces han sido acalladas pero nunca del todo silenciadas.

Que los makunas, los barasanas y todos los pueblos de la Anaconda hayan sobrevivido a décadas de explotación para finalmente convertirse en dueños de su destino, en etnógrafos de su propia vida, es una muestra de la sabia decisión tomada por el presidente Virgilio Barco y Martin von Hildebrand, quienes a partir de 1986 demarcaron no menos que 162 resguardos, estableciendo un sistema de reservas indígenas cuya área en conjunto es del tamaño del Reino Unido, con derechos de propiedad sobre la tierra que fueron formalmente codificados en la ley con la Constitución de 1991. Nada como esto, a esa escala, jamás había sido efectuado por un Estado nacional.

Que los mamos de los koguis, los wiwas y los arhuacos —descendientes directos en espíritu y convicción de los sacerdotes del sol de los taironas— estén vivos y a salvo, ocupándose cada mañana de orar por el bienestar de la Tierra y de toda la humanidad, es un testimonio de la fuerza y la perdurable resonancia de la vida de los indígenas en Colombia. Que hoy tengamos acceso a dichas devociones rituales, a semejante universo de fe, a menos de dos horas en un vuelo comercial desde Miami, en las laderas de un macizo volcánico que posee cada uno de los ecosistemas principales del planeta, en caseríos orientados hacia las mismas costas en las que Colón desembarcó en 1499, sugiere una continuidad de conocimiento, sabiduría y tradición que solo puede inspirar asombro y esperanza.

Tal vez este sea el sentido y el propósito final del mito, voces ancestrales que se extienden hacia el futuro para informar a los vivos. Romi Kumu y la Madre Creadora vigilándonos todavía, dejando que los ríos fluyan, llenando la tierra de vida, nutriendo a los jóvenes y regando el mundo con la gracia, la sabiduría y el poder de las mujeres, las Hijas del agua.




Fuente: El Espectador 



martes, 26 de febrero de 2008

Filosofia Presocratica

1. El paso del mito al logos


Según una tradición que se remonta a Aristóteles la filosofía comienza en Grecia, en las prósperas ciudades comerciales de Jonia (Mileto, Efeso...) aproximadamente a finales del siglo VII a.n.e. Fue, como también explica Aristóteles, el producto de una época que ya poseía las cosas necesarias para el bienestar físico y el ocio, por lo que el motivo del filosofar se puede concretar en la mera curiosidad o sorpresa ante los fenómenos (literalmente: lo que está ahí, lo que aparece, el “mundo” en su ser). Filosofía es “deseo de sabiduría”, ansia, búsqueda del saber; representa una nueva actitud ante la realidad, una nueva forma de mirar el mundo; esta novedad se caracteriza habitualmente como el paso del mito al logos.


La explicación mítica. Sus características


Un mito es un relato o historia en el que intervienen seres sobrenaturales (dioses, héroes...) y que de algún modo pretende explicar o justificar la existencia de una realidad, sea una realidad natural (la existencia misma del mundo -Cosmos-, el cambio de las estaciones, etc.) o social (la institución del matrimonio, la supremacía del propio grupo, etc.).


“ El mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos. Dicho de otro modo: el mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad “natural” ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución. Es siempre el relato de una “creación”: se narra cómo algo ha sido producido, ha comenzado a ser... En suma, los mitos describen las diversas y a veces dramáticas irrupciones de lo sagrado, de lo sobrenatural, en el mundo. Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el mundo y la que lo hace ser tal como es” (Mircea ELIADE, Mito y realidad 18)


De acuerdo con esto y de un modo general, podemos decir que en el pensamiento mítico:


a) se personifican y divinizan las fuerzas y fénomenos naturales haciéndose responsables a los “dioses” tanto del curso de los acontecimientos naturales como del comportamiento y destino de los seres humanos; los aspectos terribles o inexplicables de la realidad natural se hacen depender de voluntades mágicas, divinas. El acontecer universal (todo lo que sucede) es, en consecuencia, arbitrario -depende del arbitrio, capricho de los dioses. La realidad así explicada no deja de ser imprevisible, pero al menos los hombres poseen una representación general de la misma capaz de dar respuesta a sus inquietudes fundamentales: el origen del mundo, de la vida, lo que le pasa a uno cuando muere, etc., y de satisfacer la necesidad que la conciencia tiene de orientarse

b) la aceptación de las explicaciones mítico-religiosas se sustenta en la autoridad de la tradición, autoridad que no se cuestiona, y en su asentamiento social. Las narraciones míticas tienen caracter simbólico: establecen, a través de los acontecimientos puntuales que narran, pautas de comportamiento que deben seguirse como normas y mandatos; los mitos constituyen así una fuente de cohesión social que permiten la identificación de los hombres de una determinada comunidad y la estabilidad de dicha comunidad al perpetuarse generación tras generación su modo de vida.
Respecto a la mitología griega -Homero y Hesíodo- hay que señalar que es extraordinariamente antropomórfica; los dioses presentan los caracteres propios de los seres humanos, rasgos físicos y morales, modos de razonar y de hablar, deseos, virtudes... Estos dioses están forjados a imagen y semejanza de la nobleza griega y reflejan el modo de vida y los valores de la misma. La mitoloía homérica es principalemtne etnogénica (explica el surgimiento de la etnia o pueblo griego); el origen del universo -lo que a propósito de los relatos míticos se denomina cosmogonía - aparecen de modo secundario. En cuanto a Hesíodo, en él la cosmogonía tiene más relieve: Caos, Tierra y Amor son los dioses que “explican” el origen del mundo. Estos dioses no son creadores, no crean, como en el judeocristianismo, el mundo de la nada; además están sometidos a una especie de ley, el destino, contra el que nada se puede; en cierto modo esta idea de destino prefigura el concepto racional de necesidad.


La explicación racional (Logos)

Frente a las representaciones míticas el logos o explicación racional:
a) No recurre a divinidades o seres sobrenaturales sino que interpreta las fuerzas y fenómenos del universo como fenómenos y fuerzas naturales. Se “intuye” que un orden necesario, inteligible (=accesible a la inteligencia) e impersonal rige el universo.

b) En consecuencia, el acontecer universal deja de interpretarse como algo arbitrario. En la naturaleza las cosas suceden como tienen que suceder. La idea de naturaleza va unida a la idea de necesidad y la idea de necesidad va unida, a su vez, a la idea de Ley: los acontecimientos naturales sueceden conforme a ciertas leyes que necesariamente se cumplen. La palabra griega “logos” significa también ley, de modo que podemos decir: la tarea del logos (de la razón, de la explicación racional) es estudiar y conocer el logos (ley, leyes que rigen el universo)

c) La aceptabilidad de las explicaciones racionales no se basa, en fin, en la autoridad de la tradición ni en su vigencia social sino en argumentos y razones. Una explicación será mejor no porque la crea más gente o porque se remonte a un pasado más lejano, sino porque se sustenta en razones más sólidas y mejores.
Esta actitud intelectual se fue gestando paulatinamente en el horizonte mental del hombre griego teniendo así su origen la filosofía y la ciencia; una actitud que se concreta en el esfuerzo por instalarse racionalmente en el mundo, esto es, comprender el mundo desde la razón (ser racionales) y actuar en el mundo desde la razón (ser razonables), y que es una conquista irrenunciable del espítiu humano.


1.1. Circunstancias que favorecen la aparición de la filosofía en Grecia


Son varias las condiciones de la antigua Grecia que favorecen la actitud filosófica:

a)El contacto con otros pueblos: geográficamente la filosofía se cultiva y desarrolla en la zona de expansión griega por el Mediterráneo, fundamentalmente en dos ámbitos: las colonias jónias (situadas en Asia menor, en la actual Turquía: ciudades como Mileto y Efeso) y las colonias itálicas (la actual Sicilia). A partir del siglo VI a. n. e. los griegos incrementan su contactos comerciales con otros pueblos. Los viajes no sólo traen consigo nuevos conocimientos técnicos y geográficos sino que, fundamentalmente, suponen el conocimiento de otras civilizaciones y formas de vida que llevan a la convicción de que cada pueblo y cada etnia se representan a los “dioses” de una manera distinta. El comercio y los intercambios culturales favorecen la relativización de las visiones del mundo “locales” en favor de una visión “universal”: Grecia es un escenario abierto: la filosofía lo contrario de la mentalidad cerrada (“dogmática”)


b)La ausencia de textos sagrados en la religión griega, En aquellas sociedades donde hay libros sagrados y dogmas, la posibilidad de crítica a las doctrinas contenidas en éstos es escasa o nula.


c)La circunstancia política. A partir del siglo VI a. C. tiene lugar en todo el mundo griego una honda transformación social que culmina en los siglos V y IV a. C. La peculiar organización social de los pueblos griegos agrupados en Ciudades-Estado (Polis) que gozan de autonomía administrativa, permitirá la puesta en práctica de distintos modos de organizar la convivencia entre los cuales la mayor novedad es el sistema democrático. En la mitad del siglo V en Atenas nos encontramos con el apogeo de este sistema de gobierno que reconoce la igualdad de los ciudadanos ante la ley (Isonomía) y el derecho a hablar y ser escuchado en la Asamblea y a participar en el Consejo de Gobierno. En definitiva, la experiencia política de los griegos fue la que les capacitó para desarrollar “teorías” políticas, teorías encaminadas a dar respuesta a cuestiones acerca del origen y fundamentación de las costumbres y las leyes, acerca del mejor modo de vida asequible a los seres humanos... Las leyes y costumbres dejarán de ser comprendidas en el lenguaje mítico para requerir una justificación puramente racional, es decir, filosófica.

http://www.geocities.com/ramgil64es/marcoplaton1.html

jueves, 21 de febrero de 2008

PREGUNTAS

Karl Popper: el origen de la ciencia entre los milesios

1. ¿Qué son los mitos?
2. ¿Qué son mitos cosmológicos?
3. ¿Por qué cambian los mitos?
4. ¿Quiénes y cómo se conservan los mitos?
5. ¿La nueva actitud de los primeros filósofos griegos hace que el mito desaparezca?
6. ¿Qué es lo nuevo en la actitud critica de la filosofía griega?
7. ¿En qué consistió la nueva tradición de los primeros filósofos?
9. ¿Qué significa el texto de Jenófanes?¿qué relación hay con la actitud de la filosofía griega?
10. ¿Qué tipo de explicación del mundo realiza la ciencia y si ésta rompe con la explicación del mito?

domingo, 4 de noviembre de 2007

Discursos sobre la realidad




Los principales discursos interpretativos de la realidad que se han dado a lo largo de la historia son los discursos míticos, que incluyen el mito y la religión, y los discursos racionales, que incluyen la filosofía y la ciencia.

EL MITO Y LA RELIGION

1.2 EL TIPO DE DISCURSO MÍTICO: EL MITO Y LA RELIGIÓN.

Durante la mayor parte de la historia de la especie humana las explicaciones sobre la naturaleza y la sociedad tuvieron un carácter mítico y aún hoy pervive en muchas culturas este tipo de explicación. También los movimientos religiosos son de carácter fundamentalmente mítico.

1.2.1 El mito.

Cuando se trata de explicar los orígenes son relatos de actuaciones de los dioses o seres sobrenaturales que intervinieron en hechos extraordinarios acontecidos en un tiempo indeterminado, en el principio del tiempo, externo al tiempo histórico humano.
¿Qué características tiene este tipo de discurso o saber? ¿Cómo responde a las nuestras interrogantes? Las enumeramos a continuación:
1. Protagonismo de lo sobrenatural. En el mito las fuerzas naturales (el fuego, el viento, etc.) son personificadas y divinizadas: se trata de dioses personales cuya presencia y actuación como tales se deja sentir continuamente en el curso de los acontecimientos.
2. Modelo antropomórfico. Proyecta sobre el mundo (el conjunto de todos los fenómenos) y los dioses las motivaciones y experiencias personales de los humanos. Es decir, los dioses tienen, como los humanos, una personalidad o manera de ser y una voluntad libre, es decir, unos deseos, intereses y necesidades parecidas a los humanos. Todo cuanto sucede en el mundo se puede entender como el resultado de la personalidad y la voluntad de las divinidades (o fuerzas cósmicas) implicadas.
3. Modelo mágico. El futuro del mundo y de la humanidad está determinado por los deseos de los dioses, que son las fuerzas determinantes del universo. Para prever y conocer el futuro habremos de anticipar cuáles son sus intenciones. Eso es posible gracias a diversas técnicas de adivinación que pretenden conocer la voluntad de los dioses, bien preguntándoles a ellos directamente (por ejemplo, a través de un Oráculo) o bien analizando procesos azarosos que los dioses pueden modificar a su gusto (por ejemplo, lanzando dados o cartas) o bien mediante la búsqueda de signos o portentos especiales (por ejemplo, el vuelo de las aves, la interpretación de los sueños, el análisis de las vísceras de los animales sacrificados, hechos maravillosos, etc.) El interés por influir en la voluntad de los dioses genera un conjunto de cultos, rituales, ofrendas, plegarias, etc. en los que la magia se convierte en un instrumento que permite ejercer un poder sobre la naturaleza y las personas.
4. Es un tipo de discurso:
a. Revelado. El mito es una historia sagrada que en muchos casos ha sido revelada, inspirada o dictada por la misma divinidad.
b. Dogmático. Se presenta sin ninguna posibilidad de duda, como una historia absolutamente verdadera. A los ojos del creyente el mito es indiscutible.
c. Irracional y aceptado por fe. El discurso mítico demanda una fe ciega. En él la creencia, la fe, es esencial.
d. Incontrastable. La veracidad de sus explicaciones sobre los hechos es imposible de comprobar.
e. Simplista. El discurso mítico tiene un nivel de explicación muy sencillo, ya que la narración acostumbra a ser poco detallada e imprecisa. Esto lo hace especialmente atractivo para mentalidades que quieren respuestas sencillas.

Autor: José Vidal González Barredo.

miércoles, 22 de agosto de 2007

El Mito de la caverna Platón - Socrates

El siguiente texto aparece en el libro "Filosofía Clásica" de Pablo Huneeus

¿Para qué estudiar?¿No será mejor ver tele?¿Hasta cuando me fastidian con libros y tareas?
Sócrates responde la pregunta por medio de un cuento denominado El Mito de la Caverna (...) Ahí, Sócrates compara la condición de ignorancia con la de encadenamiento y miseria humana.

Sócrates: Ahora represéntare el estado de la naturaleza humana, con relación a la ciencia y a la ignorancia, según el cuadro que te voy a trazar. Imagina un antro (caverna) subterráneo, que tenga en toda su longitud una abertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la cabeza a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen al frente. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor les alumbra, y un camino escarpado entre este fuego y los cautivos. Supón a lo largo de este camino un muro, semejante a los tabiques que los charlatanes ponen entre ellos y los espectadores, para ocultarles la combinación y los resortes secretos de las maravillas que hacen.
Glaucón: Ya me imagino todo eso
- Figúrate personas, que pasan a lo largo del muro, llevando objetos de toda clase, figuras de hombres, de animales, de madera o de piedra, de suerte que todo esto aparezca proyectado sobre el muro. Entre los portadores de todas estas cosas, unos se detienen a conversar y otros pasan sin decir nada.
- ¡Extraños prisioneros y cuadro singular!
- Se parecen, sin embargo, a nosotros, punto por punto. Por lo pronto ¿crees que puedan ver otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado, que las sombras que van a producirse frente a ellos, al fondo de la caverna?
- ¿Ni cómo podrían ver más si desde su nacimiento están obligados a tener la cabeza inmóvil?
- Y respecto de los objetos que pasan detrás de ellos, ¿pueden ver otra cosa aparte de sus sombras?
- No
- Si pudieran conversar unos con otros,
¿no convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas?
- Sin duda
- Y si en el fondo de su prisión hubiera un eco, que repitiese las palabras de los transeúntes, ¿no se imaginarían oír hablar
a las sombras mismas que pasan delante de sus ojos?
- Sí
- En fin, ¿no creerían que pudiera existir otra realidad que estas mismas sombras?
- Sin duda
- Mira ahora lo que naturalmente debe suceder a estos hombres ,
si se les libra de las cadenas y se les cura de su error. Que se desligue a uno de estos cautivos, que se les fuerce de repente a levantarse, a volver la cabeza, a marchar y mirar hacia la luz; eso ha de causarle mucho sufrimiento; la luz le ofenderá los ojos, y la confusión que sentirá le impedirá distinguir los objetos, cuyas sombras veía antes. ¿Qué crees que respondería, si se le dijese, que hasta entonces sólo había visto fantasmas, y que ahora tiene delante suyo objetos reales y más aproximados a la verdad? Si en seguida se le muestran las cosas a medida que se vayan presentando, y a fuerza de preguntas se le obliga a decir lo que son, ¿no se le pondrá en el mayor conflicto, y no estará él mismo persuadido de que lo que veía antes era más real que lo que ahora se le muestra?
- Sin duda
- Y si se le obligase a mirar el fuego, no sentiría molestias en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras, en las que se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en éstas
más disitinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?
- Seguramente
- Si después se le saca de la caverna y se le lleva por el sendero áspero y escarpado hasta encontrar la claridad del sol, ¡Qué suplicio sería para él verse arrastrado de esa manera! ¡Cómo se enfurecería! Y cuando llegara a la luz del sol, deslumbrados sus ojos con tanta claridad, ¿podría ver alguna de las cosas que consideramos reales?
- Así de pronto, no podría
- Necesitaría, indudablemente, algún tiempo para acostumbrarse a ello. Lo que distinguiría más fácilmente sería, primero las sombras; después, las imágenes de los hombres y demás objetos pintados sobre la superficie de las aguas; y por último, los objetos mismos. Luego dirigiría sus ojos al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche a la luz de la luna y de las estrellas que a pleno sol
- Sin duda
- Y al fin podría, no sólo ver la imagen del sol en las aguas y donde quiera que se refleja, sino fijarse en él y contemplarlo allí
donde verdaderamente se encuentra
- Sí
- Después de esto, comenzando a razonar, llegaría a concluir, que el sol es el que crea las estaciones y los años, el que gobierna todo en el mundo visible, y el que es en cierta manera la causa de todo lo que se veía en la caverna
- Es evidente que llegaría como por grados a hacer esas reflexiones

- Si en aquel acto recordara su condición anterior, la idea que allí se tiene de la sabiduría y sus compañeros de esclavitud, ¿no se regocijaría de haber salido y no se compadecería de la desgracia de aquellos?
- Seguramente
- ¿Crees que envidiaría aún los honores, las alabanzas y recompensas que allí se daban al que primero veía pasar las sombras, al que con más seguridad recordaba el orden en que marchaban yendo unas delante o detrás de otras o juntas, y que en este concepto era el más hábil para adivinar su aparición; o que tendría envidia a los que en esta prisión eran más poderosos y más honrados? ¿No preferiría, como Aquiles en Homero, pasar la vida al servicio de un pobre labrador y sufrirlo todo antes que volver a su primer estado?
- No dudo que estaría dispuesto a padecer cuanto sea necesario antes que vivir de esa manera
- Fija tu atención en lo que voy a decirte. Si este hombre volviera de nuevo a su prisión, para ocupar su antiguo puesto, en este tránsito repentino de la plena luz a la oscuridad, ¿no se encontraría como ciego?
- Sí
- Y si cuando no distingue aún nada, y antes de haber sus ojos recobrado su aptitud, lo que no podrá
suceder sin pasar mucho tiempo, tuviere precisión de discutir con otros prisioneros sobre estas sombras, ¿no daría lugar a que
estos se rieran, diciendo que por haber salido de la caverna había perdido la vista, y no añadirían además, que sería de parte de ellos una locura querer abandonar el lugar en que estaban, y que si alguno intentara sacarlos de allí y llevarlos al exterior sería preciso cogerle y matarle?
- Sin duda
- Y bien, mi querido Glaucón, esta es precisamente
la imagen de la condición humana. El antro subterráneo es este mundo visible; el fuego que le ilumina es la luz del sol; este cautivo, que sube a la región superior y que la contempla, es el alma que se eleva hasta la esfera de lo inteligible. He aquí por lo menos lo que yo pienso, ya que quieres saberlo. Sabe Dios si es conforme con la verdad. En cuanto a mí lo que me parece en el asunto es lo que voy a decirte. En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con dificultad; pero una vez percibida no se puede menos que sacar la consecuencia de que ella es la causa primera de todo lo bello y bueno del universo; que, en este mundo visible, ella es la que produce la luz y el astro de que ésta procede directamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia; y en fin, que ha de tener fijos los ojos en esta idea todo aquel que quiera conducirse sabiamente...

miércoles, 21 de febrero de 2007

El mito de Sísifo

Sísifo era un personaje de la mitología griega que hizo enfadar a los dioses con su extraordinaria astucia. Como castigo, fue condenado a perder la vista y en el infierno obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio (La Odisea, xi. 593).

Albert Camus, (escritor y filósofo francés, 1913 - 1960) presenta el esfuerzo inútil e incesante de Sísifo como una metáfora de las vidas modernas consumidas en inútiles trabajos en fábricas y oficinas.

http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADsifo

sábado, 10 de febrero de 2007

Mitología griega

Mito de la sucesión (Mitología griega)
Urano (el cielo) odia a los hijos que tiene con su madre Gea (la tierra) y los esconde en los abismos de ésta. La madre prepara una emboscada contra Urano y sólo el hijo menor, Cronos (el tiempo), decide enfrentarse a su padre. Gea le entrega una hoz dentada y cuando Urano se une a Gea en amoroso abrazo, Cronos corta los genitales de su padre y los arroja al mar.
La castración de Urano produce gotas de sangre que al caer a tierra originan las Erinias, las Gigantes y las Ninfas Melias. Las Erinias son las diosas encargadas de castigar a los parricidas, su aspecto es horrible (cabellos de serpientes y en sus manos serpientes que son látigos) y son tres: Alecto, Tisífone y Meguera. Los Gigantes son seres colosales, con poder semejante a los dioses, pero mortales. De las Ninfas Melias no conservamos sus nombres.
Al caer los genitales al mar, producen una espuma de la que surge la diosa del amor, la belleza y la pasión, Afrodita (Venus).
Cronos ocupa el poder y se casa con su hermana Rea. Tiene seis hijos (Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón y Zeus). Pero por una predicción de Gea, Cronos se entera que también él será destronado por uno de sus hijos. Para evitarlo, según nacían los iba devorando. Este proceder no gustó a Rea y decidió dar a luz a su último hijo (Zeus) lejos de su padre (en el monte Licto, Creta). En lugar de a Zeus, Rea le dio a engullir a Cronos una piedra envuelta en pañales.
Zeus crece en Creta amamantado por la ninfa Amaltea con leche de cabra. Al crecer Zeus, consigue que su padre vomite a sus hermanos y con ellos la piedra que se tragó engañado, piedra que Zeus llevó a lo que hoy día es el santuario de Delfos, donde aún hoy puede visitarse (aunque es copia de época romana). Después libera a los Cíclopes (seres monstruosos de un solo ojo en la frente) y a los Hecatonquires (seres de cien brazos).
Zeus, ayudado por sus hermanos y algunos titanes, se rebeló contra su padre, ayudado éste último por el resto de titanes. Tras diez años de lucha, Cronos y los titanes que le ayudaron fueron encadenados en el Tártaro bajo la vigilancia de los Hecatonquires. Los vencedores se repartieron el poder: Poseidón el dominio del mar, Hades el mundo subterráneo y Zeus el cielo, siendo éste último considerado a partir de entonces el dios supremo y padre de todos los dioses y hombres. Zeus ocupa el Olimpo, monte donde se decía que se encontraba la morada de los dioses.
Así es como acaba el mito de la sucesión.