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sábado, 20 de febrero de 2021

Nuestra especie se forjó hablando alrededor del fuego: de día sobre cosas prácticas, de noche sobre mitos

Desde que aparecieron los primeros 'Homo', escribe el reconocido biólogo Edward O. Wilson, el tiempo de interacción social fue aumentando: de una o dos horas diarias a las cuatro actuales



EDWARD O. WILSON

13 JUL 2020 - 04:00 COT


Las sociedades de cazadores recolectores, juzgadas a partir de sus restos arqueológicos y gracias al estudio de las pocas que han sobrevivido hasta nuestros días, nos proporcionan pruebas sobre el origen de la humanidad como especie. La gente vivía en pequeños grupos compuestos principalmente por parientes. Estaban unidos a otros grupos por parentescos y matrimonios. Eran leales al conjunto formado por todos los grupos, aunque nunca tanto como para impedir el asesinato y las incursiones vengativas ocasionales. Solían ser desconfiados, temerosos y eventualmente hostiles con otras comunidades. La violencia letal era algo común. La población original de Australia que resistió frente a la colonización nos proporciona pruebas muy valiosas. Azar Gat, un investigador de la Universidad de Tel Aviv, ha escrito: “El conjunto de pruebas de la Australia aborigen, el único continente de cazadores-recolectores, demuestra extraordinariamente que la violencia letal humana, incluyendo la lucha grupal, existió en todos los niveles sociales, fuera cual fuera la densidad de población, en la organización social más simple y en todos los tipos de ambientes”.


Aunque durante el combate puro la agresión tribal humana se parece mucho a la de los chimpancés, su organización es mucho más compleja individualmente. Uno de los mejores ejemplos de ese perfeccionamiento es el aportado por Napoleon A. Chagnon y otros antropólogos sobre los yanomami del norte de la cuenca del Amazonas. La agresión violenta es territorial, lo que significa que las aldeas suelen entrar en conflicto entre sí y, como consecuencia de ello, aquellas con menos de 40 individuos no pueden sobrevivir. A medida que las relaciones individuales se vuelven más complejas, la estructura de los grupos familiares se difumina. Se crean con cierta regularidad coaliciones formadas por individuos de diferentes linajes que viven en aldeas separadas. Están constituidas por hombres de edad similar y lo más frecuente es que se trate de primos maternos. Cuando matan juntos, su prestigio como miembros de una casta especial llamada unokai aumenta, y normalmente pasan a vivir en la misma aldea.


De noche, más o menos el 40% de la conversación consistía en historias y otro 40% se dedicaba a hablar de mitos


Este grado de coalición y formación de alianzas resalta las diferencias en estructura social que distinguen a los humanos de los chimpancés y otros primates sociales. Pero la organización resultante no minimiza la importancia de la competición en el grupo como fuerza impulsora de la evolución social humana. Todo lo contrario, es absolutamente razonable pensar que dichas alianzas han sido favorecidas a lo largo de la historia humana mediante evolución cultural. Los modelos matemáticos ideados por Maxime Derex y su equipo de la Universidad de Montpelier pusieron de manifiesto que el tamaño del grupo y la complejidad cultural se refuerzan mutuamente en la coevolución de la herencia y la cultura.

Cuanto mayor sea el tamaño del grupo, con más frecuencia se lograrán innovaciones dentro de él. El conocimiento comunal se deteriora más lentamente y la diversidad cultural se conserva mejor y durante más tiempo.


Existe un consenso creciente entre los paleontólogos en cuanto a que el origen de nuestra especie (y de la enorme capacidad memorística que la define) se forjó a la luz de las hogueras de los campamentos africanos. El impulso fue, como ya he dicho, la posibilidad de cocinar la carne, primero gracias a los fuegos provocados por los rayos que impactaban sobre el terreno y que ocasionaban fuegos que eran aprovechados por los cazadores tribales, y más adelante gracias a las antorchas que podían trasladar de un campamento a otro. La carne cocinada tiene mucha energía, es un alimento muy digerible y es fácil de transportar para aquellos que se desplazan de un lugar a otro. Condujo a la cohesión de los miembros de los distintos grupos y posibilitó la conversación y la división del trabajo. Gracias a la evolución mental se pudo desarrollar el comportamiento cooperativo y altruista al servicio del grupo en su conjunto. La inteligencia social pasó a tener mucho peso.


Respecto al contenido de las charlas de campamento de los primeros Homo, empezando en las poblaciones de habilis, lo único que podemos hacer es especular. Sin embargo, podemos deducir una idea general de su contenido a partir de las conversaciones que mantienen los grupos de los cazadores-recolectores que quedan en la actualidad. Dada la importancia de estas pruebas, resulta sorprendente lo que han tardado en aparecer análisis cuidadosos de estas conversaciones. Las grabaciones realizadas por la antropóloga Polly W. Wiessner de las conversaciones de los Ju/‘hoansi (!Kung) del África meridional ponen de manifiesto una importante diferencia entre las que serían “charlas diurnas”, centradas en la recolección de alimentos, la distribución de los recursos y otros asuntos económicos, y las “charlas nocturnas”, dedicadas principalmente a contar historias, algunas sobre individuos vivos, a veces fascinantes, en cuyo caso suelen derivar fácilmente en cantos, bailes y conversaciones religiosas. De noche, el grueso de la conversación, más o menos el 40%, consistía en historias y otro 40% se dedicaba a hablar de mitos. Durante el día, solo unas pocas trataban de historias y ninguna sobre mitos.


Al final de la tarde, las familias se reunían alrededor de sus propias fogatas para compartir la cena. Después de cenar y siendo ya oscuro, el estado de ánimo más tenso del día se relajaba y las personas reunidas alrededor de fogatas individuales tenían ganas de hablar, crear música o bailar. Algunas noches se reunían grupos grandes y en otras ocasiones eran grupos más pequeños. El foco de la conversación cambiaba radicalmente cuando se dejaban de lado temas económicos y quejas sociales. Y, a partir de ahí, se desarrolló el 81% de toda la charla, compuesta por largas conversaciones…


Tanto los hombres como las mujeres contaban historias, especialmente los ancianos que ya tenían maestría en ello. Los líderes de los campamentos solían ser buenos contadores de historias, aunque no solo ellos. Dos de los mejores contadores de historias de la década de 1970 eran ciegos, pero eran apreciados por su humor y sus habilidades verbales. Las historias proporcionaban una situación beneficiosa para todos: era muy probable que aquellos que ponían todo su empeño en entretener a los demás obtuvieran reconocimiento a medida que sus historias viajaban. Aquellos que escuchaban se entretenían reviviendo las experiencias de otros sin coste alguno. Dado que contar historias es algo tan importante para recordar y conocer a las personas más allá del campamento, es muy posible que haya operado una fuerte selección social para la manipulación del lenguaje para que este pudiera expresar intenciones y emociones. 


Desde que aparecieron los primeros Homo y a medida que el tamaño del cerebro fue creciendo, casi se puede asegurar que el tiempo dedicado a las interacciones sociales también fue aumentando. Robin I. M. Dunbar, de la Universidad de Oxford, demostró la existencia de esa tendencia creciente. Utilizó dos correlaciones procedentes de especies vivas de monos y simios: primero, el tiempo que pasan acicalándose como función del tamaño del grupo, y segundo, la relación en los simios entre el tamaño del grupo y la capacidad craneal. Al extender este método a los australopitecos y la línea Homo de especies nacidas a partir de ellos, sugirió que el “tiempo requerido para vida social” pasó de aproximadamente una hora al día a dos horas en las primeras especies de Homo y, a partir de ahí, hasta llegar a las cuatro o cinco horas de los humanos modernos. En resumen, las interacciones sociales más largas son un componente esencial para la evolución de un cerebro más grande y una mayor inteligencia.

 

Edward O. Wilson (Birmingham, 1929), biólogo y naturalista, acuñó el término “biodiversidad”. Este extracto es un adelanto de su libro ‘Génesis. El origen de las sociedades’, de la editorial Crítica, que se publica el próximo 14 de julio.


Fuente: El País 



domingo, 22 de noviembre de 2020

LUCY, PRIMERÍSIMA CHICA


Por Laura Restrepo
15 de noviembre 2020 

S alve, abuela, te digo aunque eres casi una niña, Lucy, porque pese a tus tres millones y pico de años, se calcula que debiste morir a los 25. Y qué pequeñita eres, y qué graciosa, una mujeruca de apenas un metro diez, y eso que estás más o menos erguida, porque inauguraste la costumbre andar de pie. Por ahí vas tú, muy desenvuelta en dos patas, o mejor dicho piernas según las llamamos hoy día: esta negrita que va caminando, esta negrita tiene su tumbao, te cantaría Celia Cruz, la guarachera mayor, para celebrar tu recién adquirido garbo. 


miércoles, 18 de marzo de 2020

Nuestros antepasados

Hasta mediados siglo XIX se consideraba que la especie humana tenía una antigüedad de pocos miles de años. Una consideración que fue cuestionada, el 1859, cuando Charles Darwin publicó su libro El origen de las especies. El proceso evolutivo —defendía— sólo es comprensible con una nueva visión del tiempo, un tiempo infinitamente dilatado: la evolución de los seres vivos exige hablar no de miles de años sino de millones de años. Cuatro años después del libro de Darwin, se descubrió el primer fósil Neanderthal: los científicos comenzaron a aceptar que podían haber existido humanos diferentes de sus contemporáneos.






Ciertamente, los huesos encontrados en Alemania, en el valle del río Neander (thalsignifica «valle»), eran muy parecidos a los del hombre actual pero con más espesor y robustez. Hoy sabemos que el hombre de Neanderthal, una subespecie de Homo
sapiens (Homo sapiens Neanderthalensis), apareció en Europa hace 300.000 o 250.000 años; posteriormente, hace unos 35.000, se extinguió: no es un antepasado nuestro.



Los humanos somos primates. Con la desaparición de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años, unos primates, los prosimios, proliferaron en medio de un entorno vegetal nuevo, el de les primeras plantas con flor. ¡Nuestros remotos antepasados primates aparecieron y evolucionaron junto con las primeras flores!

Pocos millones de años después, ya en la era terciaria, apareció otra rama de primates, el suborden de los antropoides que, posteriormente, se bifurcará originando la gran variedad de monos y la superfamilia de los hominoides. De los hominoides, millones de años después, surgió la familia de los póngidos (chimpancé, gorila, orangután y gibón) y la familia del homínidos (austrolopitecos

martes, 17 de marzo de 2020

El Origen de la Humanidad

¿Existieron de verdad Adán y Eva?

Autores: Jose Carlos Gonzalez Santos y Manuel Ramon Aguilera Caballo

INTRODUCCIÓN
¿Te has parado a pensar alguna vez si es verdad que existieron Adán y Eva? , Pues nosotros sí, y después de multitud de investigaciones y de un alarde de inteligencia, llegamos a la conclusión de que Adán y Eva son seres ficticios, que no existieron en realidad, puesto que la respuesta que parece más fiable a la pregunta de "¿de dónde venimos?" resulta ser la de la evolucion, (realce de caracteres y pérdidas de otros con el paso del tiempo).
Así que si quieres intentar contestar algunas preguntas relacionadas con este tema tan interesante, te retamos a que respondas correctamente las siguientes incognitas.

INCÓGNITAS

1.- ¿Quién descubrio la evolucion?
2.- ¿Cuál es el fósil humano de mayor antigüedad encontrado hasta el dia de hoy?
3.- ¿Cuántas clases de hominidos han existido?
4.- ¿Descendemos del mono?
5.- ¿El hombre sigue evolucionando en la actualidad?
6.- ¿Evolucionamos intelectualmente o solo físicamente?
7.- ¿Existe la desevolucion? ¿Se da en alguna especie animal?
8.- ¿Qué opina la Iglesia sobre la evolucion?
9.- ¿Qué tipo de hominido es Lucy?
10.- ¿Qué lugar queda para Adán y Eva en la evolución?

LA GRAN INCOGNITA

¿Por qué somos la especie dominante en el planeta?
¿Cómo crees tú que será el homínido del futuro?
Es decir, ¿qué rasgos se perderán y cuáles se conservarán y en función de qué factores?
¿Crees que el ser humano existe por azar?

RECURSOS
Darwin y el debate sobre creación-evolución
http://archivo.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=495901

La Teoría De La Evolución Darwin Charles – La Selección Natural

http://www.lavozdelahistoria.com.ar/prehistoria/prehistoria.htm

lunes, 16 de marzo de 2020

LA GÉNESIS DEL SER HUMANO


EL SER HUMANO Y EL ORDEN DE LOS PRIMATES

En la actualidad, se admite como un hecho científico que todos los seres vivos, incluido el ser humano, proceden de otros por evolución, y se entiende por proceso de hominización el proceso mediante el cual aparece el ser humano a partir de otros seres vivos, en concreto, a partir de los primates. Así, el ser humano actual es el Homo sapiens sapiens. Si consideramos esta clasificación desde el punto de vista de la evolución, tenemos que recorrerla en sentido inverso: primates (orden) > antropoideos (suborden) > hominoideos (superfamilia) > homínidos (familia) > Homo (género) > Homo sapiens (especie) > Homo sapiens sapiens (subespecie).


Sin necesidad de adentrarnos en un estudio pormenorizado del orden de los primates y de sus ramificaciones evolutivas, hemos de destacar las siguientes afirmaciones:

✔ El ser humano pertenece al orden de los primates. Ello significa que comparte con éstos un conjunto de rasgos notables: manos prensiles (no así los pies) y extremidades delanteras con funciones especializadas; agudeza visual; ciertas características en la procreación, como un número reducido de crías por parto y una gestación e infancia prolongadas; un apreciable desarrollo del cerebro y una cierta complejidad en la vida social. Este conjunto de rasgos constituye lo que puede llamarse la herencia primate de la naturaleza humana.

 ✔ En la línea evolutiva que progresa hasta el ser humano hay dos momentos que suelen considerarse especialmente significativos. El primero de estos momentos se produce con la diversificación de los homínidos, que se prolongará hasta nosotros. El segundo momento decisivo tendrá lugar con la aparición del género Homo. En este caso, dentro de la familia de los homínidos se produjo una bifurcación importante a partir del homínido Austhralopithecus afarensis: una de sus derivaciones culminaría en el género Homo, mientras que por la otra rama se desarrollarían otros tipos de australopitécidos de los cuales no queda descendencia ya que desaparecieron.

5.2.  LOS HOMÍNIDOS SE PONEN DE PIE

Como acabamos de ver, uno de los momentos decisivos en la evolución hacia el ser humano actual tuvo lugar en el seno de la familia de los homínidos. Con los homínidos se producen transformaciones anatómicas decisivas. Entre ellas el bipedismo posee una importancia singular. Como señala F. Facchini en El origen del hombre, el bipedismo trajo consigo notables ventajas de carácter adaptativo tanto para la alimentación como para la defensa. Estas ventajas tienen que ver con la liberación de las manos lo que permite la recogida de frutos y la posibilidad de empuñar palos y lanzar objetos, sea para cazar o para defenderse. Todo esto provocó cambios en la forma de vivir, favoreciendo el alejamiento del territorio y la distribución de funciones entre macho y hembra.


 El bipedismo estuvo acompañado, a su vez, de importantes transformaciones anatómicas: pie no prensil y, por tanto, mejor adaptado para el desplazamiento erguido; piernas aptas para mantenerse en pie y para soportar largas caminatas; acortamiento progresivo de la pelvis; columna vertebral con curvaturas idóneas para la posición erecta; cuello especializado para mantener una cabeza de mayor tamaño y peso. Todo ello acompañado de un aumento considerable del volumen del cráneo que adquiere formas más redondeadas, de una reducción de los maxilares y de una nueva disposición dental sin grandes colmillos, produciéndose una disminución del prognatismo y las mandíbulas y el desarrollo del mentón.

5.3. EL GÉNERO HOMO Y SUS ESPECIES: HABILIS, ERECTUS Y SAPIENS

El género Homo aparece aproximadamente hace 3 millones de años. Su antepasado, dentro de la familia de los homínidos, es el Australopithecus afarensis. El género Homo presenta en su evolución varias especies que, en líneas generales, se suceden unas a otras: el Homo habilis primero, el Homo erectus después y, finalmente, el Homo sapiens.

Con las reservas que impone la escasez de datos y el carácter fragmentario de nuestros conocimientos, podemos afirmar que el proceso de hominización entra en su etapa final con el paso que va del Australopithecus al Homo habilis. Podemos suponer igualmente que las diferencias entre los australopitécidos y los Homo habilis serían inicialmente pequeñas, pero llevarían a una mejor adaptación de los Homo habilis y eso hizo que se expandieran éstos acarreando finalmente la extinción de los australopitécidos. Junto a una mayor capacidad craneal (450 cc. en el Australopithecus afarensis, 550 cc. en el Australopithecus robustos, 750/800 cc. en el Homo habilis), los Homo habilis desarrollaron nuevas habilidades técnicas como la fabricación organizada de instrumentos (fabricación de herramientas de piedra -industria lítica-), a la par que un sistema de comunicación (lenguaje) apto para transmitir información e instrucciones, y una organización social más compleja y eficaz.

Al homo habilis sucedió otra especie, el Homo erectus, presente en África, Europa y Asia, y que alcanzó una capacidad craneal entre 900/1000 cc., fabricó herramientas, que también eran de piedra, pero que representaron un gran progreso con respecto a las fabricadas por su predecesor. Con el homo erectus se produjeron importantes innovaciones de carácter cultural, siendo dos de ellas especialmente significativas para el futuro de la humanidad: 1) la aparición y difusión de la caza mayor (con todo lo que ésta supone en la mejora de los instrumentos y en desarrollo de la comunicación, así como en la cooperación y organización sociales) y 2) el dominio del fuego, las técnicas para producirlo y utilizarlo con vistas a la alimentación, a la supervivencia y a la defensa.

 Finalmente, se da el proceso de sapientización, es decir, el paso del Homo erectus al Homo sapiens. Este proceso va acompañado de un mayor desarrollo del cerebro (la capacidad craneal será ya de 1500 cc.) y va acompañado también de un desarrollo paralelo en la técnica, en el lenguaje y en la organización social. Con el proceso de sapientización aparecen y se consolidan ciertas características que serán ya propias del ser humano actual. Una muy importante es la autoconciencia, la conciencia de sí mismo: los miembros de la colectividad “descubren” su valor como individuos y no meramente como miembros del grupo. Este fenómeno se refleja en prácticas relacionadas con la muerte (que es siempre una experiencia individual): sepulturas, ritos funerarios, etc. Seguramente, el desarrollo de la autoconciencia guarda relación con el desarrollo del arte que tiene lugar en el Paleolítico superior.

 La aparición del Homo sapiens tiene lugar aproximadamente hace 150.000 años. A lo largo de 100.000 años (desde hace 150.000 hasta 50.000 años) aparecen distintos ejemplares de Homo sapiens arcaicos. El más conocido de éstos es el hombre del Neandertal (Homo sapiens neanderthalensis). Después aparece el hombre de Cro-Magnon. Finalmente, hace aproximadamente 50.000 años, aparece el Homo sapiens sapiens que es el último y definitivo representante de la humanidad.

Al Homo sapiens sapiens se debe la extensión de la humanidad a todos los lugares del planeta (si exceptuamos la Antártida), primero a Australia desde Indonesia y después a América a través del estrecho de Bering, hasta extenderse por todo el continente de norte a sur. A él también se debe la gran revolución del Neolítico. La revolución del Neolítico tuvo lugar alrededor del año 7000 a. C., gracias a ella se produjo la transformación cultural más espectacular y definitiva de la humanidad. El acontecimiento fundamental en la revolución neolítica fue el descubrimiento de la agricultura y la ganadería, que sustituyeron a la recolección y la caza, y permitieron el paso de una vida nómada basada en una economía de recolección (pesca, caza, frutos silvestres) a una vida sedentaria fundamentada en una economía de producción. La agricultura y la ganadería dieron lugar a fenómenos socioculturales radicalmente nuevos, tales como: la urbanización (asentamiento de poblaciones), el crecimiento demográfico, nuevas formas de intercambio económico (que finalmente se orientarían al mercado y al dinero), organización social estratificada, transición hacia formas estatales de organización política (con la creación de ejércitos, de funcionarios, etc.), realización de importantes obras públicas, etc. La revolución neolítica ha sido decisiva en el futuro desarrollo de la humanidad. Constituye el punto de inflexión más importante para la especie humana. Ninguna revolución posterior puede comparársele, salvo -quizá- la revolución industrial iniciada en Europa a partir del siglo XVIII y la revolución informática y electrónica en la que actualmente nos encontramos.


Darwin y el debate sobre creación-evolución

La teoría de la evolución puede explicar cómo se ha dado el proceso de evolución hasta la forma humana; pero no puede dar respuestas a las preguntas más acuciantes que nos hacemos los seres humanos: ¿qué sentido tiene el mundo, la vida, la especie humana? 

Por Rafael Velasco, sj
Sábado 7 de marzo de 2009
Rector de la Universidad Católica de Córdoba


Este año se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Darwin y 150 años de la primera edición de su célebre libro El origen de las especies.

La teoría científica de la evolución, expuesta en esa obra, encendió un encarnizado debate entre “evolucionismo” y “creacionismo”, que ha sido sostenido durante mucho tiempo.

Durante años la teoría de la evolución fue criticada particularmente desde los ámbitos religiosos por considerarse que contradecía los relatos del libro del Génesis, de donde abreva la fe monoteísta, que sostiene: “Un Dios creador de todo desde la nada”.

La teoría de la evolución desplazó contundentemente los argumentos religiosos sostenidos durante siglos. Muchos sintieron que se le quería quitar espacio a Dios. Que si era verdad lo del evolucionismo, entonces las cosas no eran como la Biblia dice. O la Biblia o Darwin estaban en un error.

Muchos tomaron este argumento lineal y decretaron que Darwin se equivocaba. No faltaron, tampoco, quienes dijeron, desde el mundo científico: por fin nos hemos sacado a la religión de encima.

Lamentablemente, la discusión no ha estado siempre correctamente enfocada. Y el problema no residió tanto en la teoría de Darwin, sino en una inadecuada comprensión del mensaje de la Biblia.

Una lectura bíblica. Comprender mejor el sentido de los textos bíblicos que narran los relatos de creación en los que los creyentes fundamos nuestra fe en un Dios creador, tal vez ayude a acceder a una comprensión más amplia. De este modo, comprobaríamos que la teoría científica de la evolución de las especies no contradice la fe en un Dios creador, fundamentalmente porque estamos hablando de dos planos diferentes, que no se excluyen y pueden ser complementarios.

Las religiones monoteístas basan nuestra fe en el Dios creador del Universo, fundamentalmente, en los relatos de los dos primeros capítulos del libro del Génesis, el primer libro de la Biblia.

¿Qué dicen estos textos? Al comenzar a leerlos ya tenemos una sorpresa: hay dos relatos de la creación (no uno solo), y son bastante diferentes. Y sin embargo, están los dos en la Biblia como textos canónicos. Aquí ya hay algo que “no funciona”. ¿Cómo fue, entonces, la creación? ¿Cómo la relata el capítulo primero o cómo lo relata el capítulo segundo? Se ve que al autor bíblico esa aparente contradicción no le interesa, justamente porque tiene en claro que no está haciendo una narración histórica. Es un midrash, un cuento, un mito de origen que tiene un mensaje poderoso de fondo, para el creyente: Dios es el creador, somos su criatura y por eso no somos solitarios, participamos de su espíritu y de su semejanza. Desde el principio el ser humano fue amigo de Dios.

Si bien se lee, el relato del capítulo primero –que relata la creación en siete días–, empieza con la creación de la luz, y sin embargo recién en el cuarto día son creados el Sol y la Luna. Estos astros eran considerados divinidades para los pueblos vecinos (en particular los cananeos) por eso el autor las pone como una creación más en el medio de la creación. Es ilógico, aun para una conciencia “pre–científica”, que se cree la luz el primer día y no se cree el Sol al mismo tiempo. Aquí el autor se ha vuelto a “equivocar”… o no le interesa esa aparente contradicción.

En este relato Dios crea con su palabra, no interviene de maneras más materiales, es trascendente a su creación. Dice y las cosas son: “Dijo Dios hágase la luz, y la luz se hizo...”.

En este relato de la creación el acto más importante no es la creación del ser humano (que es creado el sexto día, junto con los animales), sino el día de descanso, el “Shabat”. “El séptimo día Dios descansó, y bendijo ese día”. Lo más importante de la creación es el día séptimo de descanso, que era el día del culto para el pueblo judío. El escritor indudablemente está tratando de dar fundamento a la santificación del día de culto. Lo más grande de la creación de Dios es el sábado, porque es el día de descanso de Dios.

En este relato, en los manuscritos más antiguos, a Dios se lo llama “Elohim” (el altísimo); nunca se lo llama Yahveh. Este primer relato pertenece a una tradición tardía (siglo V a.C.), ya supone un pueblo organizado y con una religión centrada en el culto. El sábado es el centro de la creación; lo mejor que Dios ha hecho, porque es el centro de la vida del pueblo.

El relato del capítulo segundo comienza con la creación del hombre. Sitúa además la creación en un lugar geográfico determinado: la medialuna fértil, tierra de la que –según esta tradición– proviene Abraham, el padre del pueblo judío; el primer creyente en el Dios bíblico.

Dios además aparece antropomorfizado: hace barro como un alfarero, opera al hombre como un cirujano para sacar de su costado a la mujer, camina por el jardín a la hora de la tarde, sopla sobre el hombre para darle su aliento, dialoga con él. Aquí hay elementos más primitivos (el relato es del siglo X a.C.) y a Dios se lo llama Yahveh (el que es, o el que está y estará).

Estas diferencias con el primer relato no son accidentales. El autor está desarrollando otra teología, es decir otra visión acerca de Dios y su relación con los seres humanos y la creación. Lo más importante no es el culto, sino el ser humano, que es imagen y semejanza del Creador, porque está hecho por Dios de la “adamá” (tierra colorada, de ahí el nombre, Adán: hombres –plural– de tierra colorada) y está lleno de vida (Eva, significa vida).

El texto, entonces, está diciendo que desde el comienzo había “hombres y vida”. Y eso es lo querido por Dios. Dios se ha empleado a fondo porque ha trabajado Él mismo en la creación. Aparece un Dios más comprometido en su creación, a diferencia del Dios más trascendente del relato del capítulo primero. Dos relatos, dos teologías, y por eso dos modos de nombrar a Dios.

De aquí se ve con claridad que los relatos pretenden ser otra cosa muy distinta a lo que se imaginó durante mucho tiempo. Son dos teologías de la creación, dos miradas sobre Dios y sobre el hombre, pero nunca pretenden ser una palabra científica definitiva, ni nada por el estilo. Los relatos del Génesis son dos miradas que no se excluyen entre si, pero que enfatizan uno, la trascendencia de Dios y la importancia del culto religioso (el día del descanso) y el otro la centralidad del ser humano como amigo de Dios.

Interpretación bíblica y ciencia. Los textos, como ya dijimos, no intentan ser textos científicos y menos en el sentido positivista de ciencia que poseemos hoy. Pretender eso sería un anacronismo.

Los libros de la Biblia son libros de teología, es decir libros que contienen afirmaciones acerca de Dios, y en ese sentido son considerados verdaderos por los creyentes, pero no son, ni pretendieron ser nunca, libros científicos o históricos en el sentido en que comprendemos actualmente la ciencia histórica. Comprenderlos así ha sido –en su momento– un serio error de las Iglesias (no sólo de la Iglesia Católica) y de las religiones en su versión más fundamentalista.

Si leemos los relatos de creación, desde esta perspectiva que he expuesto aquí, y que es en el fondo una sucinta síntesis de lo que la exégesis actual –católica y protestante– afirma, no podemos encontrar de ninguna manera fundamento para afirmar que la Biblia quiera explicar que la creación fue así, como se relata, en esa sucesión.

No hay, tampoco, argumentos, desde esta perspectiva, para negar un proceso de evolución que ha ido dando origen a la vida y las diferentes especies. No hay fundamento para negar –desde la fe– que el proceso evolutivo sea el modo en el que Dios va creando un mundo en evolución, un mundo que sigue evolucionando. Ya Pierre Teilhard de Chardin, sj, lo afirmó en El Medio Divino y otras obras suyas.

Si el tiempo del mito es justamente intemporal; entonces es posible afirmar que según la Biblia, Dios continúa creando el mundo. Constantemente somos sacados del barro, el soplo de Su Espíritu nos inspira y podemos ser amigos de Dios y de todo lo creado.

Desde la teología de la creación se puede afirmar que Dios va obrando en las causas naturales, a través de ellas de manera misteriosa pero real, de modo trascendente, en y más allá de la historia. El plano de la acción de Dios sólo puede ser comprendido plenamente desde la Fe, aunque no es irracional.

Finalmente. La teoría de la evolución puede explicar el fenómeno; es decir cómo se ha dado el proceso de evolución desde las primitivas formas de vida, hasta la forma humana; pero no puede dar respuestas a las preguntas más acuciantes que nos hacemos los seres humanos: ¿qué sentido tiene el mundo, la vida, la especie humana? Quién se adentre a esos interrogantes humanos, deberá tomar otros caminos: la filosofía, la metafísica, o la religión.

Al final, León Tolstoi tenía razón cuando afirmaba: “La ciencia no nos sirve, porque deja sin responder las dos preguntas fundamentales: qué nos es dado esperar y qué debemos hacer”.

© La Voz del Interior

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¿DE DÓNDE VENIMOS?



Con frecuencia la respuesta a esta pregunta es que “el hombre desciende del mono”. Y no es del todo correcta. No es correcto decir que descendemos de los monos, como si ya no lo fuéramos. En efecto, nosotros pertenecemos al grupo de los primates, sin embargo no procedemos de ninguna especie actual de mono sino de especies ya desaparecidas.

En la respuesta “el hombre desciende del mono”, aparece la idea de la “evolución“: el cambio gradual de las especies a partir de otras más simples. El evolucionismo fue la teoría expuesta por Charles Darwin (1809-1882), recogida en su obra “El origen de las especies” (1859). En esta obra, Darwin utiliza el concepto de “selección natural” para explicar cómo se produce la evolución de las especies.

La teoría de la selección natural hace dos afirmaciones fundamentales:
  1. No hay creación sino que las especies derivan unas de otras por selección natural.
  2. El ser humano no es sino el último representante del último grupo de vertebrados: los primates. Supone un giro copernicano en relación con la idea que el ser humano tenía de sí mismo haciéndole perder la supremacía que se concedía por encima del resto de los animales.

El proceso evolutivo se explica a partir de dos ideas: 
  1. La lucha por la existencia. La velocidad a la que se multiplican los animales es mayor que la que determina el aumento de los alimentos. Esto hace que éstos entren en competencia entre sí y también con otras especies por los alimentos.
  2. La supervivencia del más fuerte. Se denomina selección natural aquel proceso mediante el cual en esta competencia sólo consiguen sobrevivir los más aptos, aquellos que tienen cierta ventaja adaptativa frente a los demás o otras especies. 

Darwin afirmó también que todos los individuos emparentados descendían de un antepasado común. De esta manera, Darwin no pensaba que el ser humano descendiese del mono, sino que el hombre (un primate) y otros primates descendían todos de antepasados comunes.
Llegamos así al concepto de “hominización”, concepto utilizado para definir los cambios o transformaciones que ha sufrido el ser humano a lo largo del tiempo, es decir, la evolución humana desde una fisonomía parecida a los simios hasta el estado actual. En el proceso de hominización hay una serie de logros fundamentales que han permitido llegar hasta el ser humano actual. Estos logros son:
a) La marcha bípeda (poder caminar con dos pies). Esta forma de locomoción provocó una serie de modificaciones imprescindibles: una columna vertebral con cuatro curvaturas, que permite que el centro de gravedad del cuerpo describa al andar casi una recta, una pelvis ancha, una rodilla que puede doblarse en un solo sentido, un hueso del talón alargado y un pulgar del pie largo y alineado con el resto de los dedos de los pies. La marcha bípeda permitió liberar las manos, que se convirtieron en instrumentos muy sensibles, capaces de manipular los objetos de forma muy precisa. En la mano humana, destaca el pulgar, que es alargado, puede rotar con bastante libertad y puede oponerse al resto de los dedos de la mano.
b) La cara y los dientes. El tercer logro del proceso de hominización es la disminución gradual del tamaño de la cara y de los dientes. Todos los grandes simios están dotados de enormes caninos (colmillos) que destacan del resto de los dientes. A medida que avanzamos en el proceso de hominización, observamos que los caninos van reduciéndose de tamaño. Además, los dientes que sirven para masticar -premolares y molares- han ido disminuyendo su tamaño progresivamente. Estos cambios provocan una disminución del tamaño de la cara y de las mandíbulas. La cara de los primeros antepasados del ser humano era grande y estaba situada al frente del cráneo. A medida que los dientes se redujeron y el cerebro aumentó, la cara disminuyó y varió su posición; así, la cara de los seres humanos actuales está situada debajo, no delante, del cerebro. Otros rasgos: en el ser humano actual destacan la nariz y el mentón en el perfil de la cara.
c) Tamaño del cerebro. La marcha bípeda se adquirió mucho antes de que comenzara el aumento del volumen del cerebro. La mayoría de los seres humanos actuales tiene una capacidad craneal entre 1.300 y 1.500 cm3. En el transcurso del proceso de hominización, el volumen de la masa cerebral se ha multiplicado más de tres veces. El aumento del tamaño del cerebro y de su complejidad ha permitido la evolución cultural y técnica del ser humano.
d) La adquisición del lenguaje articulado. Paralelamente al desarrollo del cerebro, el lenguaje articulado permitió transmitir información concreta de modo instantáneo. Fue un instrumento perfecto para la evolución cultural del ser humano, que le ha llevado a controlar el planeta, adaptando el entorno a sus necesidades.
Adelantamos aquí una idea resumen del proceso de hominización: La evolución humana no es un proceso lineal, sino que presenta variadas ramificaciones, de manera que nos vamos a encontrar con especies distintas de homínidos que van a vivir al mismo tiempo. Algunos se extinguirán y otros continuarán evolucionando.

lunes, 16 de diciembre de 2019

El error como motor de la evolución

El Texto genético sufre errores cuando se copia o se intentan reparar los daños que pueda sufrir

ENRIQUE CERDÁ OLMEDO - 22/08/2004

La diversidad de los seres vivos, incluso dentro de la misma especie, la transmisión de rasgos de unas generaciones a otras y la eficacia de la selección de muchos rasgos deseables se conocían y se aplicaban mucho antes de que Darwin formulario sus pensamientos, hace casi 150 años.

Un aspecto esencial, el origen de la diversidad, solo empezó a entenderse ya bien rodado el siglo XX, cuando se Averigua que todos los seres vivos contienen y transmiten a sus descendientes un texto (el ADN) escrito con un sencillo alfabeto de cuatro letras ( los nucleótidos). El texto genético no puede mantenerse constante, porque sufre errores cuando se copia o se intentan reparar los daños que pueda sufrir. Por ejemplo, las radiaciones ultravioleta y otras de energía aún mayor y muchos compuestos químicos, naturales o artificiales, alteran el ADN y hacen su información difícil o imposible de leer y ejecutar. No hay copista perfecto ni restaurador que acierte siempre con el contenido original de un texto dañado.

Nuestras células tienen varios equipos de copia y reparación que se componen de más de 150 proteínas distintas, entre ellas al menos quince copiadoras (polimerasas del ADN) con distintos grados de fidelidad. En funcionamiento normal cometemos un error por cada mil millones de letras copiadas, pero esta cifra varía según las circunstancias y de unos seres vivos a otros. Muchos virus hacen un error por cada mil o diez mil letras copiadas. Las reparaciones son en general más defectuosas que la copia normal, sobre todo cuando los daños son graves y abundantes.

Con el tiempo, los cambios de texto (mutaciones) se acumularían de padres a hijos, a menos que se eliminarán por selección. Mientras se mantienen, constituyen el lastre genético de la población, el conjunto de defectos hereditarios que, más o menos, nos afectan a todos. Un aumento considerable de la frecuencia de mutación, digamos al doble, causar un lastre genético incompatible con el mantenimiento de nuestras sociedades. Una frecuencia de mutación menor habría dificultad la aparición de los cambios heredables que nos han llevado a ser lo que somos. También harán falta nuevos cambios genéticos si nuestra especie aspira a sobrevivir y reproducirse eficazmente en un mundo cambiante. La conservación es una batalla perdida de antemano; el ingenio no nos bastón para adaptarnos a los cambios pasados y no creo que baste para adaptarnos a los futuros.

En el desarrollo de un organismo los cambios genéticos pueden ser perjudiciales. Por ejemplo, el cáncer se debe a la aparición de ciertas mutaciones en nuestras células somáticas, las que forman nuestros tejidos pero no van a dar lugar a nuestros hijos. Se explica de esta manera que sufran muchos tumores las personas que tienen equipos defectuosos de copia y reparación y las que se exponen a agentes que dañan el texto genético.

Liberadas de la servidumbre de sufrir mutaciones para favorecer la evolución, nuestras células somáticas podrían tener equipos perfectísimos de copia y reparación, al menos como los mejores que se encuentran en otros organismos. Triste es que carecemos de fotoliasas, unas proteínas que usan casi todos los seres vivos para reparar muy eficazmente los daños producidos por las radiaciones ultravioleta aprovechando la energía que llega con la luz del sol.

Sospechamos por tanto que esas carencias tienen la utilidad de limitar nuestras vidas para dejar sitio a nuestros descendientes y vía libre a la evolución biológica. Si queremos que nuestros descendientes sean matusalenes en serie, tendríamos que ir pensando en modificar los genes responsables de los equipos de copia y reparación de nuestras células somáticas.

E. CERDÁ, catedrático de Genética, Universidad de Sevilla

Temas relacionados: ¿Es el cerebro humano fruto de un error en la evolución?

martes, 24 de noviembre de 2015

¿Quién es Lucy, la australopiteco?

Lucy es el esqueleto más famoso del mundo. Hace 41 años, un grupo de paleontólogos descubrió en Hadar, al noreste de Etiopía, el conjunto de restos fósiles de un australopiteco que vivió hace 3,2 millones de años. Era una hembra de 1,1 metros de altura y se trató del primer hallazgo de un humanoide en buen estado que logra explicar la relación entre los primates y los humanos.
Los trabajos de rescate recuperaron el 40% del esqueleto y tras varios estudios se confirmó que esta Australopithecus afarensis ya caminaba en dos extremidades inferiores. Tiene los pies arqueados como los humanos actuales, lo que indica que era bípeda. El hallazgo la ubica como un ancestro de los Homo sapiens y también como una conexión evolutiva con los primates.
Era el 24 de noviembre de 1974 cuando se hizo el descubrimiento y en la radio sonaba Lucy in the sky with diamonds, el éxito de los Beatles, así que al paleontólogo Donald Johanson le pareció buena idea darle un nombre al grupo de huesos que, según indicaban las primeras investigaciones, pertenecían a una sola persona. La nombró Lucy y con el apelativo siguió la fama. Tras este descubrimiento se han encontrado más de 250 fósiles de al menos 17 individuos en la misma región.

viernes, 18 de octubre de 2013

Un cráneo de 1,8 millones de años, descubierto en 2005

Paleoantropólogos de la Universidad de Zúrich (Suiza) han descubierto en Dmanisi (Georgia) un cráneo excepcionalmente conservado de 1.800.000 años que, por sus características, obliga a un cambio de perspectiva sobre la diversidad de las especies humanas, que sería mucho menos variada de lo que se estimaba. “Si hubiésemos encontrado la cavidad craneal y el rostro como fósiles separados, habrían sido atribuidos a dos especies diferentes”, dicen sus descubridores.


Esto indica que los miembros más primitivos del género Homo, clasificados como Homo habilis, Homo rudolfensis y Homo erectus, podrían pertenecer a la misma especie. Solo serían diferentes en su apariencia exterior.


martes, 26 de mayo de 2009

EVOLUCIÓN CONTRA CREACIÓN

El Periódico 18/9/05
JOSÉ MANUEL Sánchez Ron
Miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid.

Charles Darwin dio a conocer su teoría de la evolución en 1859, en un libro que desde entonces forma parte de las obras más importantes de la cultura universal: On the Origin of Species. Menos de un año después, un obispo de mal recuerdo intentó menospreciar la nueva teoría con unas vergonzosas palabras: "Querría preguntar al profesor Huxley ... sobre su creencia de que procede de un mono. ¿Esta ascendencia proviene del lado del su abuelo o del de su abuela? "Palabras a las que el propio Thomas Huxley, distinguido biólogo, contestó con la dignidad que él mismo, Darwin y la ciencia se merecían:" No tendría ninguna vergüenza de haber surgido de un origen como este, pero sí me avergüenzo proceder de alguien que prostituirse los dones de la cultura y la elocuencia al servicio de los prejuicios y la falsedad ".

Hace, pues, casi 150 años que disponemos de uno de los instrumentos científicos que mejor, y con más éxito, nos han ayudado en la tarea de conocer cuáles fueron nuestros orígenes. Y el tiempo ha pasado desde que la idea de la evolución de las especies que pueblan la Tierra (entre las que, guste o no guste, figura la especie humana) ha sido atacada por motivos en los que las creencias religiosas ocupan un lugar preferente.

Estados Unidos, la nación más poderosa del planeta, líder en el avance de la ciencia, se ha distinguido a la hora de luchar en contra de la teoría de la evolución. A comienzos de la década de 1920, varios estados prohibieron la enseñanza de la evolución, decisión que fue anulada, por anticonstitucional, en 1968 por el Tribunal Supremo. Poco después, sin embargo, la década de 1970, Arkansas y Luisiana introdujeron una norma que exigía que se debía dedicar el mismo tiempo a los colegios a enseñar una interpretación literal del Génesis, es decir, al creacionismo, que a la evolución (de nuevo, esta norma fue revocada por el Tribunal Supremo, 1987). Pero la historia no se detuvo aquí: en 1999, el Consejo Escolar de Kansas aprobó eliminar la evolución, así como la teoría del Big Bang, de los programas científicos del Estado. No se prohibía la enseñanza, pero sí que el tema se incluyera en los exámenes que se realizaran en todo el Estado.

HACE UNOS DÍAS, a primeros de agosto, el presidente estadounidense, George Bush, ha vuelto a la carga, esta vez utilizando una vieja táctica, la de utilizar otras palabras: en lugar de creacionismo, ahora se habla de "diseño inteligente "(alguien - un Dios - debió de diseñar la vida, y en particular la humana). Concretamente, lo que ha hecho es manifestar que se debería tratar del "diseño inteligente" al mismo tiempo que de la evolución cuando se enseña a los estudiantes sobre la creación de la vida. "Creo - dijo - que parte de la educación es exponer a la gente diferentes escuelas de pensamiento".

"Exponer a la gente diferentes escuelas de pensamiento". Puede sonar bonito, incluso democrático, pero esconde falacia evidentes: en aras a un principio pluralista como éste, ¿debemos enseñar los principios de la democracia junto con los de la tiranía?, ¿Dedicar el mismo tiempo al 'alquimia que a la química, la física de Aristóteles que a la de Einstein?, ¿introducir a los jóvenes en los principios de la magia al mismo tiempo que nos esforzamos en enseñarles los fundamentos de la ciencia? Se olvidan, por otra parte, los que argumentan como el señor George Bush, de un detalle importante: hasta la fecha la enseñanza de la religión - es decir, del creacionismo o del diseño inteligente--- ha ocupado mucho más espacio y tiempo en los programas de estudio que la idea o teoría de la evolución. ¿Quién necesita más ayuda no es la enseñanza de las religiones, que cuentan con todo tipo de instrumentos de promoción, dentro y fuera de la escuela, sino el evolucionismo. Hay otro argumento, que casi es vergonzoso recordar: el creacionismo, el diseño inteligente, puede consolar nuestra existencia (algo perfectamente comprensible), pero no ha explicado nunca nada. Nos protege ante el desamparo de una existencia de la que desconocemos el origen y el sentido, aunque en modo alguno ilumina nuestro entendimiento, la facultad que tanto valora nuestra especie.

Contrariamente, la idea de la evolución, ya sea a la manera de Darwin o en otras versiones, no lo explica todo, por supuesto, pero sí que explica muchas cosas, y cada vez más.

EN REALIDAD, el señor Bush no es sino la punta más notoria de un enorme iceberg que integran instituciones como The Discovery Institute, fundado en 1991 por un alto funcionario de la Administración de Reagan. El diseño inteligente se ha convertido en una parte tan importante de las actividades de este instituto que ha creado una división, el Centro para la Renovación de la Ciencia y la Cultura, que dedica todo su tiempo a esta causa. Su táctica ha sido resumida con estas palabras: "Utilizar el diseño inteligente como un instrumento para combatir la evolución y así promover una agenda politicoreligiosa conservadora".

En ocasión de la muerte de Kirthely Mather, que había testificar a favor de la evolución en un juicio que se celebró en 1925 en Tennessee contra un profesor de instituto, John scops, que fue condenado por enseñar la teoría de la evolución, el gran naturalista y divulgador científico Stephen Jay Gould escribió en 1983: "Cuando pienso que volvemos a estar enzarzados en la misma lucha por uno de los conceptos mejor documentados, más convincentes y excitantes de la historia, no sé si reír o llorar ". Pues eso mismo, pero 20 años después.

Evolución frente a oscurantismo

Razones de una teoría
Richard Dawkins 
La Vanguardia: 30/06/2004

¿Cuál es, pues, el enigma de Darwin y cuál es su solución? De todos los billones y billones de formas de juntar las partes de un cuerpo, sólo una minoría infinitesimal sobrevive, busca alimento, come y se reproduce. Es cierto que hay muchas formas diferentes de estar vivo-diez millones de formas diferentes al menos, si contamos el número de especies distintas vivas hoy-; ahora bien, por muchas formas que haya de estar vivo, seguro que hay muchísimas más de estar muerto . 

Podemos concluir sin temor a equivocarnos que los cuerpos vivos son miles de millones de veces demasiado complicados-demasiado improbables desde el punto de vista estadístico-para haber llegado a existir por pura casualidad. Es algo tan improbable como que hayan sido diseñados, puesto que el mismo Diseñador sería aún más improbable. Entonces, ¿cómo se explica la aparición de los seres vivos? La respuesta correcta-la respuesta de Darwin - es que el azar desempeña un papel en la historia, pero no interviene en acto único y monolítico. Se trata, más bien, de toda una serie de diminutos pasos, producidos en secuencia y cada uno de ellos lo bastante pequeño para ser un producto creíble de su antecesor. Estos pequeños pasos están causados por mutaciones-errores aleatorios-en el material genético. La mayoría de los cambios resultantes son perjudiciales y conducen a la muerte. Unos pocos resultan ser ligeras ventajas que conducen a una mayor supervivencia y reproducción. Mediante este proceso de selección natural, los cambios que resultan beneficiosos acaban difundiéndose por toda la especie y se convierten en la norma. Y ya está todo a punto para el siguiente pequeño cambio en el proceso evolutivo. Después de, por ejemplo, un millar de pequeños cambios en serie como esos en los que cada cambio proporciona la base para el siguiente, el resultado final acumulado se ha convertido en algo demasiado complejo para ser el resultado de un único acto del azar. 

Aunque es teóricamente posible que un ojo surja de la nada gracias a un único paso afortunado, en la práctica eso es inconcebible. La cantidad de suerte necesaria es demasiado grande, supone cambios simultáneos en un enorme número de genes. Podemos descartar de modo categórica semejante coincidencia milagrosa. Sin embargo, es perfectamente verosímil que el ojo moderno haya surgido de algo casi igual que el ojo moderno pero no del todo: un ojo ligeramente menos complejo. Del mismo modo, ese ojo ligeramente menos elaborado surgió de otro ojo a su vez ligeramente menos elaborado y así sucesivamente. Suponemos si un número lo bastante grande de diferencias lo bastante pequeñas entre cada etapa evolutiva y la anterior, seremos capaces de hacer derivar un ojo completo, complejo y funcional desde un simple tejido de piel. ¿Cuántas etapas intermedias se nos permite presuponer? Depende de cuánto tiempo dispongamos. ¿Ha habido suficiente tiempo para que los ojos evolucionan dando pequeños pasos desde la nada? 

Los fósiles nos dicen que la vida lleva evolucionando en la tierra desde hace más de 3.000 millones de años. Para la mente humana resulta casi imposible concebir tal inmensidad temporal. Nosotros, que natural y felizmente percibimos nuestra vida como un período bastante largo, no contamos con vivir ni siquiera un siglo. Han pasado 2.000 años desde que vivió Jesucristo, un lapso lo bastante prolongado para difuminar la distinción entre la verdad y el mito. ¿Somos capaces de imaginar un millón de veces ese período? Supongamos que quisiéramos escribir toda la historia en un simple Pergamino. Si consiguiéramos condensar toda la historia d. C. en un metro, ¿qué longitud tendrán la parte a. C.? La respuesta es que la parte del Pergamino correspondiente al período anterior a nuestra era iría desde Milán hasta Moscú. Pensemos en la cantidad de cambio evolutivo que eso permite. Todas las razas de perros domésticos (pequinesa, caniches, SPANIEL, san Bernardos y chihuahuas) proceden de lobos a lo largo de un período que se mide en cientos o, como mucho, miles de años: sólo dos metros en el camino de Milán a Moscú. Pensamos en la cantidad de cambio que hay en el paso de un lobo a un pequinés. Multipliquemos esa cantidad de cambio por un millón. Considerando las cosas así, resulta fácil creer que un ojo haya podido evolucionar grado a grado a partir de un no ojo. 

A veces se sostiene que las partes de un ojo tienen que estar todas juntas o de lo contrario el ojo no funciona en absoluto. Medio ojo, se añade, no es mejor que la ausencia de ojo. No se puede volar con media ala; no se puede oír con medio oído. Por lo tanto no puede haber habido una serie de pasos graduales intermedios que hayan desembocado en un ojo, un ala o un oído modernos. Este tipo de razonamiento es tan ingenuo que sólo cabe sorprenderse ante los motivos subconscientes que llevan a querer creer en él. Es a todas luces falso que medio ojo resulte inútil. Los enfermos de cataratas no vende muy bien sin gafas, pero están mucho mejor que quienes carecen de ojos. Sin el cristalino no se tiene una imagen nítida, pero es posible no Tropez con obstáculos y detectar la acechante sombra de un depredador. 

El argumento similar de que no se puede volar con media ala es refutado por una abundante cantidad de animales con grandes habilidades planeadoras, incluidos mamíferos de muchas clases, Lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchas clases diferentes de animales arborícolas tienen membranas de piel entre las articulaciones que en realidad constituyen alas rudimentarias. Si nos caemos de un árbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que contribuya a aumentar su superficie puede salvarnos la vida. Los ojos y las alas no surgen de golpe. Eso equivaldría a tener la suerte de dar con la combinación que abre la cámara Acorazada de un banco. Ahora bien, si haciendo girar los números de la cerradura al azar la puerta de la cámara se abriera una rendija cada vez que nos acercáramos al número afortunado, no tardaríamos en abrirlo. En esencia, éste es el secreto de cómo la evolución consigue por selección natural lo que había parecido imposible. Cosas que no puede derivarse de forma verosímil de antecesores muy diferentes puede derivarse de forma verosímil de antecesores sólo ligeramente diferentes. Siempre será posible deriva cualquier cosa de otra, mientras que exista una serie lo bastante larga de antecesores ligeramente diferentes. 

De modo que la evolución es teóricamente capaz de hacer el trabajo que hace mucho tiempo se consideró que era prerrogativa de Dios. ¿Y existe alguna prueba de que la evolución ha existido? La respuesta es afirmativa. Se han encontrado millones de fósiles en los lugares exactos y en las profundidades exactas que cabría esperar de ser cierta la evolución. Y lo que es aún más revelador, no se ha encontrado nunca ni un solo fósiles en un lugar donde no cupiera esperarlo según la evolución, aunque hubiera podido ocurrir: el Fósil de un mamífero en una roca tan antigua que fuera anterior a la aparición de los peces, por ejemplo, bastaría para refutar toda la teoría de la evolución. 

Las pautas de la distribución de plantas y animales vivos sobre los continentes y las islas del mundo es justo la misma que si hubieran evolucionado desde antepasados comunes por medio de pasos lentos y graduales. Las pautas de la semejanza entre animales y plantas es justo la misma que si algunos fueran primos hermanos y otros primos más lejanos. Estos hechos resultaron muy convincentes ya en época de Darwin. En la actualidad, con las pruebas genéticas moleculares, hay que estar loco para dudar de ellos. 

Las pruebas en favor de la evolución son tan persuasivas que la única forma de salvar la teoría de la creación es suponer que Dios colocó adrede ingentes cantidades de pruebas para que pareciera que la evolución había tenido lugar. En otras palabras, los fósiles, la distribución geográfica de los animales, la distribución de los códigos de ADN, etcétera, todo eso no es más que un gigantesco truco para poner a prueba nuestra confianza. 

¿Quién desea venerar un Dios capaz de tal artimaña? Es sin duda mucho más reverente, y también más sensato científicamente, aceptar las pruebas sin desconfiar de ellas. Todas las criaturas vivientes son primas unas de otras, descienden de un antepasado remoto que vivió hace unos 3.000 millones de años. La evolución es un hecho, y uno de los más importantes que conocemos. Negarlo sería un acto de barbarie digno de las épocas más oscuras. 

Richard Dawkins (Nairobi, 1941) es titular de la cátedra Charles Simonyi de Divulgación Científica en la Universidad de Oxford, además de enseñar zoología en las universidades de California y Oxford. Ha presentado programas de televisión en la BBC y dirigido varias publicaciones científicas 
TRADUCCIÓN: JUAN GABRIEL LÓPEZ GUIX

domingo, 3 de mayo de 2009

La teoría de la evolución y sus implicaciones

Índice:
1. La teoría de la evolución
1.1 Partiendo del fijismo
1.2 La teoría de la evolución de Darwin
1.3 La teoría sintética de la evolución
2. Implicaciones
2.1 Generalización de la idea de evolución
2.2 Versiones sociales del darwinismo
2.3 Del 'creacionismo-evolucionismo' al 'finalismo-azarismo'
3. La grandeza de Darwin

LEER MAS:
http://www.xtec.es/~lvallmaj/palau/darwin2.htm