¿Existieron de verdad Adán y Eva?
Autores: Jose Carlos Gonzalez Santos y Manuel Ramon Aguilera Caballo
INTRODUCCIÓN
¿Te has parado a pensar alguna vez si es verdad que existieron Adán y Eva? , Pues nosotros sí, y después de multitud de investigaciones y de un alarde de inteligencia, llegamos a la conclusión de que Adán y Eva son seres ficticios, que no existieron en realidad, puesto que la respuesta que parece más fiable a la pregunta de "¿de dónde venimos?" resulta ser la de la evolucion, (realce de caracteres y pérdidas de otros con el paso del tiempo).
Así que si quieres intentar contestar algunas preguntas relacionadas con este tema tan interesante, te retamos a que respondas correctamente las siguientes incognitas.
INCÓGNITAS
1.- ¿Quién descubrio la evolucion?
2.- ¿Cuál es el fósil humano de mayor antigüedad encontrado hasta el dia de hoy?
3.- ¿Cuántas clases de hominidos han existido?
4.- ¿Descendemos del mono?
5.- ¿El hombre sigue evolucionando en la actualidad?
6.- ¿Evolucionamos intelectualmente o solo físicamente?
7.- ¿Existe la desevolucion? ¿Se da en alguna especie animal?
8.- ¿Qué opina la Iglesia sobre la evolucion?
9.- ¿Qué tipo de hominido es Lucy?
10.- ¿Qué lugar queda para Adán y Eva en la evolución?
LA GRAN INCOGNITA
¿Por qué somos la especie dominante en el planeta?
¿Cómo crees tú que será el homínido del futuro?
Es decir, ¿qué rasgos se perderán y cuáles se conservarán y en función de qué factores?
¿Crees que el ser humano existe por azar?
RECURSOS
Darwin y el debate sobre creación-evolución
http://archivo.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=495901
La Teoría De La Evolución Darwin Charles – La Selección Natural
http://www.lavozdelahistoria.com.ar/prehistoria/prehistoria.htm
martes, 17 de marzo de 2020
lunes, 16 de marzo de 2020
LA GÉNESIS DEL SER HUMANO
EL SER HUMANO Y EL ORDEN DE LOS PRIMATES
En la actualidad, se admite como un hecho científico que
todos los seres vivos, incluido el ser humano, proceden de otros por evolución,
y se entiende por proceso de
hominización el proceso mediante el cual aparece el ser humano a partir de
otros seres vivos, en concreto, a partir de los primates. Así, el ser humano
actual es el Homo sapiens sapiens.
Si consideramos esta clasificación desde el punto de vista de la evolución,
tenemos que recorrerla en sentido inverso: primates
(orden) > antropoideos (suborden)
> hominoideos (superfamilia) >
homínidos (familia) > Homo (género) > Homo sapiens (especie) > Homo
sapiens sapiens (subespecie).
Sin necesidad de adentrarnos en un estudio pormenorizado del
orden de los primates y de sus ramificaciones evolutivas, hemos de destacar las
siguientes afirmaciones:
✔ El
ser humano pertenece al orden de los primates. Ello significa que comparte con
éstos un conjunto de rasgos notables: manos prensiles (no así los pies) y extremidades delanteras con funciones especializadas; agudeza visual; ciertas características en la procreación,
como un número reducido de crías por parto y una gestación e infancia
prolongadas; un apreciable desarrollo
del cerebro y una cierta complejidad
en la vida social. Este conjunto de rasgos constituye lo que puede llamarse
la herencia primate de la naturaleza
humana.
✔ En la línea evolutiva que progresa hasta el
ser humano hay dos momentos que
suelen considerarse especialmente significativos. El primero de estos
momentos se produce con la diversificación
de los homínidos, que se prolongará hasta nosotros. El segundo momento
decisivo tendrá lugar con la aparición
del género Homo. En este caso, dentro de la familia de los homínidos se
produjo una bifurcación importante a partir del homínido Austhralopithecus afarensis:
una de sus derivaciones culminaría en el género Homo, mientras que por la otra
rama se desarrollarían otros tipos de australopitécidos de los cuales no queda
descendencia ya que desaparecieron.
5.2. LOS HOMÍNIDOS SE
PONEN DE PIE
Como acabamos de ver, uno de los momentos decisivos en la
evolución hacia el ser humano actual tuvo lugar en el seno de la familia de los homínidos. Con los homínidos
se producen transformaciones anatómicas decisivas.
Entre ellas el bipedismo posee una
importancia singular. Como señala F. Facchini en El origen del hombre,
el bipedismo trajo consigo notables ventajas
de carácter adaptativo tanto para la alimentación como para la defensa.
Estas ventajas tienen que ver con la liberación
de las manos lo que permite la recogida de frutos y la posibilidad de
empuñar palos y lanzar objetos, sea para cazar o para defenderse. Todo esto
provocó cambios en la forma de vivir,
favoreciendo el alejamiento del territorio y la distribución de funciones entre
macho y hembra.
El bipedismo estuvo
acompañado, a su vez, de importantes transformaciones anatómicas: pie no
prensil y, por tanto, mejor adaptado para el desplazamiento erguido; piernas
aptas para mantenerse en pie y para soportar largas caminatas; acortamiento
progresivo de la pelvis; columna vertebral con curvaturas idóneas para la
posición erecta; cuello especializado para mantener una cabeza de mayor tamaño
y peso. Todo ello acompañado de un aumento considerable del volumen del cráneo
que adquiere formas más redondeadas, de una reducción de los maxilares y de una
nueva disposición dental sin grandes colmillos, produciéndose una disminución
del prognatismo y las mandíbulas y el desarrollo del mentón.
5.3. EL GÉNERO HOMO Y SUS ESPECIES: HABILIS, ERECTUS Y
SAPIENS
El género Homo aparece aproximadamente hace 3 millones de
años. Su antepasado, dentro de la familia de los homínidos, es el Australopithecus afarensis. El género
Homo presenta en su evolución varias especies que, en líneas generales, se
suceden unas a otras: el Homo habilis
primero, el Homo erectus después y,
finalmente, el Homo sapiens.
Con las reservas que impone la escasez de datos y el
carácter fragmentario de nuestros conocimientos, podemos afirmar que el proceso
de hominización entra en su etapa final con el paso que va del Australopithecus
al Homo habilis. Podemos suponer igualmente que las diferencias entre los
australopitécidos y los Homo habilis serían inicialmente pequeñas, pero
llevarían a una mejor adaptación de los Homo habilis y eso hizo que se
expandieran éstos acarreando finalmente la extinción de los australopitécidos.
Junto a una mayor capacidad craneal (450 cc. en el Australopithecus afarensis,
550 cc. en el Australopithecus robustos, 750/800 cc. en el Homo habilis), los
Homo habilis desarrollaron nuevas habilidades técnicas como la fabricación organizada de instrumentos
(fabricación de herramientas de piedra -industria lítica-), a la par que un sistema de comunicación (lenguaje) apto
para transmitir información e instrucciones, y una organización social más compleja y eficaz.
Al homo habilis sucedió otra especie, el Homo erectus, presente en África,
Europa y Asia, y que alcanzó una capacidad craneal entre 900/1000 cc., fabricó
herramientas, que también eran de piedra, pero que representaron un gran
progreso con respecto a las fabricadas por su predecesor. Con el homo erectus
se produjeron importantes innovaciones
de carácter cultural, siendo dos de ellas especialmente significativas para
el futuro de la humanidad: 1) la
aparición y difusión de la caza mayor (con todo lo que ésta supone en la
mejora de los instrumentos y en desarrollo de la comunicación, así como en la
cooperación y organización sociales) y 2) el
dominio del fuego, las técnicas para producirlo y utilizarlo con vistas a
la alimentación, a la supervivencia y a la defensa.
Finalmente, se da el proceso de sapientización, es decir,
el paso del Homo erectus al Homo sapiens. Este proceso va acompañado de un mayor desarrollo del cerebro (la
capacidad craneal será ya de 1500 cc.) y va acompañado también de un desarrollo paralelo en la técnica, en el lenguaje y en la organización social.
Con el proceso de sapientización aparecen y se consolidan ciertas
características que serán ya propias del ser humano actual. Una muy importante
es la autoconciencia, la conciencia
de sí mismo: los miembros de la colectividad “descubren” su valor como individuos y no meramente
como miembros del grupo. Este fenómeno se refleja en prácticas relacionadas con la muerte (que es siempre una
experiencia individual): sepulturas, ritos funerarios, etc. Seguramente, el
desarrollo de la autoconciencia guarda relación con el desarrollo del arte que
tiene lugar en el Paleolítico superior.
La aparición del Homo
sapiens tiene lugar aproximadamente hace 150.000 años. A lo largo de 100.000
años (desde hace 150.000 hasta 50.000 años) aparecen distintos ejemplares de
Homo sapiens arcaicos. El más conocido de éstos es el hombre del Neandertal (Homo sapiens neanderthalensis). Después
aparece el hombre de Cro-Magnon.
Finalmente, hace aproximadamente 50.000 años, aparece el Homo sapiens sapiens que es el último y definitivo representante de
la humanidad.
Al Homo sapiens
sapiens se debe la extensión de la
humanidad a todos los lugares del planeta (si exceptuamos la Antártida),
primero a Australia desde Indonesia y después a América a través del estrecho
de Bering, hasta extenderse por todo el continente de norte a sur. A él también
se debe la gran revolución del Neolítico.
La revolución del Neolítico tuvo lugar alrededor del año 7000 a. C., gracias a
ella se produjo la transformación cultural más espectacular y definitiva de la
humanidad. El acontecimiento fundamental en la revolución neolítica fue el descubrimiento de la agricultura y la ganadería, que sustituyeron a la
recolección y la caza, y permitieron el paso de una vida nómada basada en una
economía de recolección (pesca, caza, frutos silvestres) a una vida sedentaria
fundamentada en una economía de producción. La agricultura y la ganadería
dieron lugar a fenómenos socioculturales radicalmente nuevos, tales como: la
urbanización (asentamiento de poblaciones), el crecimiento demográfico, nuevas
formas de intercambio económico (que finalmente se orientarían al mercado y
al dinero), organización social
estratificada, transición hacia formas
estatales de organización política (con la creación de ejércitos, de
funcionarios, etc.), realización de importantes obras públicas, etc. La revolución neolítica ha sido decisiva en el
futuro desarrollo de la humanidad. Constituye el punto de inflexión más
importante para la especie humana. Ninguna revolución posterior puede
comparársele, salvo -quizá- la revolución industrial iniciada en Europa a
partir del siglo XVIII y la revolución informática y electrónica en la que
actualmente nos encontramos.
Darwin y el debate sobre creación-evolución
La teoría de la evolución puede explicar cómo se ha dado el proceso de evolución hasta la forma humana; pero no puede dar respuestas a las preguntas más acuciantes que nos hacemos los seres humanos: ¿qué sentido tiene el mundo, la vida, la especie humana?
Por Rafael Velasco, sj
Sábado 7 de marzo de 2009
Rector de la Universidad Católica de Córdoba
Este año se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Darwin y 150 años de la primera edición de su célebre libro El origen de las especies.
La teoría científica de la evolución, expuesta en esa obra, encendió un encarnizado debate entre “evolucionismo” y “creacionismo”, que ha sido sostenido durante mucho tiempo.
Durante años la teoría de la evolución fue criticada particularmente desde los ámbitos religiosos por considerarse que contradecía los relatos del libro del Génesis, de donde abreva la fe monoteísta, que sostiene: “Un Dios creador de todo desde la nada”.
La teoría de la evolución desplazó contundentemente los argumentos religiosos sostenidos durante siglos. Muchos sintieron que se le quería quitar espacio a Dios. Que si era verdad lo del evolucionismo, entonces las cosas no eran como la Biblia dice. O la Biblia o Darwin estaban en un error.
Muchos tomaron este argumento lineal y decretaron que Darwin se equivocaba. No faltaron, tampoco, quienes dijeron, desde el mundo científico: por fin nos hemos sacado a la religión de encima.
Lamentablemente, la discusión no ha estado siempre correctamente enfocada. Y el problema no residió tanto en la teoría de Darwin, sino en una inadecuada comprensión del mensaje de la Biblia.
Una lectura bíblica. Comprender mejor el sentido de los textos bíblicos que narran los relatos de creación en los que los creyentes fundamos nuestra fe en un Dios creador, tal vez ayude a acceder a una comprensión más amplia. De este modo, comprobaríamos que la teoría científica de la evolución de las especies no contradice la fe en un Dios creador, fundamentalmente porque estamos hablando de dos planos diferentes, que no se excluyen y pueden ser complementarios.
Las religiones monoteístas basan nuestra fe en el Dios creador del Universo, fundamentalmente, en los relatos de los dos primeros capítulos del libro del Génesis, el primer libro de la Biblia.
¿Qué dicen estos textos? Al comenzar a leerlos ya tenemos una sorpresa: hay dos relatos de la creación (no uno solo), y son bastante diferentes. Y sin embargo, están los dos en la Biblia como textos canónicos. Aquí ya hay algo que “no funciona”. ¿Cómo fue, entonces, la creación? ¿Cómo la relata el capítulo primero o cómo lo relata el capítulo segundo? Se ve que al autor bíblico esa aparente contradicción no le interesa, justamente porque tiene en claro que no está haciendo una narración histórica. Es un midrash, un cuento, un mito de origen que tiene un mensaje poderoso de fondo, para el creyente: Dios es el creador, somos su criatura y por eso no somos solitarios, participamos de su espíritu y de su semejanza. Desde el principio el ser humano fue amigo de Dios.
Si bien se lee, el relato del capítulo primero –que relata la creación en siete días–, empieza con la creación de la luz, y sin embargo recién en el cuarto día son creados el Sol y la Luna. Estos astros eran considerados divinidades para los pueblos vecinos (en particular los cananeos) por eso el autor las pone como una creación más en el medio de la creación. Es ilógico, aun para una conciencia “pre–científica”, que se cree la luz el primer día y no se cree el Sol al mismo tiempo. Aquí el autor se ha vuelto a “equivocar”… o no le interesa esa aparente contradicción.
En este relato Dios crea con su palabra, no interviene de maneras más materiales, es trascendente a su creación. Dice y las cosas son: “Dijo Dios hágase la luz, y la luz se hizo...”.
En este relato de la creación el acto más importante no es la creación del ser humano (que es creado el sexto día, junto con los animales), sino el día de descanso, el “Shabat”. “El séptimo día Dios descansó, y bendijo ese día”. Lo más importante de la creación es el día séptimo de descanso, que era el día del culto para el pueblo judío. El escritor indudablemente está tratando de dar fundamento a la santificación del día de culto. Lo más grande de la creación de Dios es el sábado, porque es el día de descanso de Dios.
En este relato, en los manuscritos más antiguos, a Dios se lo llama “Elohim” (el altísimo); nunca se lo llama Yahveh. Este primer relato pertenece a una tradición tardía (siglo V a.C.), ya supone un pueblo organizado y con una religión centrada en el culto. El sábado es el centro de la creación; lo mejor que Dios ha hecho, porque es el centro de la vida del pueblo.
El relato del capítulo segundo comienza con la creación del hombre. Sitúa además la creación en un lugar geográfico determinado: la medialuna fértil, tierra de la que –según esta tradición– proviene Abraham, el padre del pueblo judío; el primer creyente en el Dios bíblico.
Dios además aparece antropomorfizado: hace barro como un alfarero, opera al hombre como un cirujano para sacar de su costado a la mujer, camina por el jardín a la hora de la tarde, sopla sobre el hombre para darle su aliento, dialoga con él. Aquí hay elementos más primitivos (el relato es del siglo X a.C.) y a Dios se lo llama Yahveh (el que es, o el que está y estará).
Estas diferencias con el primer relato no son accidentales. El autor está desarrollando otra teología, es decir otra visión acerca de Dios y su relación con los seres humanos y la creación. Lo más importante no es el culto, sino el ser humano, que es imagen y semejanza del Creador, porque está hecho por Dios de la “adamá” (tierra colorada, de ahí el nombre, Adán: hombres –plural– de tierra colorada) y está lleno de vida (Eva, significa vida).
El texto, entonces, está diciendo que desde el comienzo había “hombres y vida”. Y eso es lo querido por Dios. Dios se ha empleado a fondo porque ha trabajado Él mismo en la creación. Aparece un Dios más comprometido en su creación, a diferencia del Dios más trascendente del relato del capítulo primero. Dos relatos, dos teologías, y por eso dos modos de nombrar a Dios.
De aquí se ve con claridad que los relatos pretenden ser otra cosa muy distinta a lo que se imaginó durante mucho tiempo. Son dos teologías de la creación, dos miradas sobre Dios y sobre el hombre, pero nunca pretenden ser una palabra científica definitiva, ni nada por el estilo. Los relatos del Génesis son dos miradas que no se excluyen entre si, pero que enfatizan uno, la trascendencia de Dios y la importancia del culto religioso (el día del descanso) y el otro la centralidad del ser humano como amigo de Dios.
Interpretación bíblica y ciencia. Los textos, como ya dijimos, no intentan ser textos científicos y menos en el sentido positivista de ciencia que poseemos hoy. Pretender eso sería un anacronismo.
Los libros de la Biblia son libros de teología, es decir libros que contienen afirmaciones acerca de Dios, y en ese sentido son considerados verdaderos por los creyentes, pero no son, ni pretendieron ser nunca, libros científicos o históricos en el sentido en que comprendemos actualmente la ciencia histórica. Comprenderlos así ha sido –en su momento– un serio error de las Iglesias (no sólo de la Iglesia Católica) y de las religiones en su versión más fundamentalista.
Si leemos los relatos de creación, desde esta perspectiva que he expuesto aquí, y que es en el fondo una sucinta síntesis de lo que la exégesis actual –católica y protestante– afirma, no podemos encontrar de ninguna manera fundamento para afirmar que la Biblia quiera explicar que la creación fue así, como se relata, en esa sucesión.
No hay, tampoco, argumentos, desde esta perspectiva, para negar un proceso de evolución que ha ido dando origen a la vida y las diferentes especies. No hay fundamento para negar –desde la fe– que el proceso evolutivo sea el modo en el que Dios va creando un mundo en evolución, un mundo que sigue evolucionando. Ya Pierre Teilhard de Chardin, sj, lo afirmó en El Medio Divino y otras obras suyas.
Si el tiempo del mito es justamente intemporal; entonces es posible afirmar que según la Biblia, Dios continúa creando el mundo. Constantemente somos sacados del barro, el soplo de Su Espíritu nos inspira y podemos ser amigos de Dios y de todo lo creado.
Desde la teología de la creación se puede afirmar que Dios va obrando en las causas naturales, a través de ellas de manera misteriosa pero real, de modo trascendente, en y más allá de la historia. El plano de la acción de Dios sólo puede ser comprendido plenamente desde la Fe, aunque no es irracional.
Finalmente. La teoría de la evolución puede explicar el fenómeno; es decir cómo se ha dado el proceso de evolución desde las primitivas formas de vida, hasta la forma humana; pero no puede dar respuestas a las preguntas más acuciantes que nos hacemos los seres humanos: ¿qué sentido tiene el mundo, la vida, la especie humana? Quién se adentre a esos interrogantes humanos, deberá tomar otros caminos: la filosofía, la metafísica, o la religión.
Al final, León Tolstoi tenía razón cuando afirmaba: “La ciencia no nos sirve, porque deja sin responder las dos preguntas fundamentales: qué nos es dado esperar y qué debemos hacer”.
© La Voz del Interior
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¿DE DÓNDE VENIMOS?
Con frecuencia la respuesta a esta pregunta es que “el hombre desciende del mono”. Y no es del todo correcta. No es correcto decir que descendemos de los monos, como si ya no lo fuéramos. En efecto, nosotros pertenecemos al grupo de los primates, sin embargo no procedemos de ninguna especie actual de mono sino de especies ya desaparecidas.
En la respuesta “el hombre desciende del mono”, aparece la idea de la “evolución“: el cambio gradual de las especies a partir de otras más simples. El evolucionismo fue la teoría expuesta por Charles Darwin (1809-1882), recogida en su obra “El origen de las especies” (1859). En esta obra, Darwin utiliza el concepto de “selección natural” para explicar cómo se produce la evolución de las especies.
La teoría de la selección natural hace dos afirmaciones fundamentales:
- No hay creación sino que las especies derivan unas de otras por selección natural.
- El ser humano no es sino el último representante del último grupo de vertebrados: los primates. Supone un giro copernicano en relación con la idea que el ser humano tenía de sí mismo haciéndole perder la supremacía que se concedía por encima del resto de los animales.
El proceso evolutivo se explica a partir de dos ideas:
- La lucha por la existencia. La velocidad a la que se multiplican los animales es mayor que la que determina el aumento de los alimentos. Esto hace que éstos entren en competencia entre sí y también con otras especies por los alimentos.
- La supervivencia del más fuerte. Se denomina selección natural aquel proceso mediante el cual en esta competencia sólo consiguen sobrevivir los más aptos, aquellos que tienen cierta ventaja adaptativa frente a los demás o otras especies.
Darwin afirmó también que todos los individuos emparentados descendían de un antepasado común. De esta manera, Darwin no pensaba que el ser humano descendiese del mono, sino que el hombre (un primate) y otros primates descendían todos de antepasados comunes.
Llegamos así al concepto de “hominización”, concepto utilizado para definir los cambios o transformaciones que ha sufrido el ser humano a lo largo del tiempo, es decir, la evolución humana desde una fisonomía parecida a los simios hasta el estado actual. En el proceso de hominización hay una serie de logros fundamentales que han permitido llegar hasta el ser humano actual. Estos logros son:
a) La marcha bípeda (poder caminar con dos pies). Esta forma de locomoción provocó una serie de modificaciones imprescindibles: una columna vertebral con cuatro curvaturas, que permite que el centro de gravedad del cuerpo describa al andar casi una recta, una pelvis ancha, una rodilla que puede doblarse en un solo sentido, un hueso del talón alargado y un pulgar del pie largo y alineado con el resto de los dedos de los pies. La marcha bípeda permitió liberar las manos, que se convirtieron en instrumentos muy sensibles, capaces de manipular los objetos de forma muy precisa. En la mano humana, destaca el pulgar, que es alargado, puede rotar con bastante libertad y puede oponerse al resto de los dedos de la mano.
b) La cara y los dientes. El tercer logro del proceso de hominización es la disminución gradual del tamaño de la cara y de los dientes. Todos los grandes simios están dotados de enormes caninos (colmillos) que destacan del resto de los dientes. A medida que avanzamos en el proceso de hominización, observamos que los caninos van reduciéndose de tamaño. Además, los dientes que sirven para masticar -premolares y molares- han ido disminuyendo su tamaño progresivamente. Estos cambios provocan una disminución del tamaño de la cara y de las mandíbulas. La cara de los primeros antepasados del ser humano era grande y estaba situada al frente del cráneo. A medida que los dientes se redujeron y el cerebro aumentó, la cara disminuyó y varió su posición; así, la cara de los seres humanos actuales está situada debajo, no delante, del cerebro. Otros rasgos: en el ser humano actual destacan la nariz y el mentón en el perfil de la cara.
c) Tamaño del cerebro. La marcha bípeda se adquirió mucho antes de que comenzara el aumento del volumen del cerebro. La mayoría de los seres humanos actuales tiene una capacidad craneal entre 1.300 y 1.500 cm3. En el transcurso del proceso de hominización, el volumen de la masa cerebral se ha multiplicado más de tres veces. El aumento del tamaño del cerebro y de su complejidad ha permitido la evolución cultural y técnica del ser humano.
d) La adquisición del lenguaje articulado. Paralelamente al desarrollo del cerebro, el lenguaje articulado permitió transmitir información concreta de modo instantáneo. Fue un instrumento perfecto para la evolución cultural del ser humano, que le ha llevado a controlar el planeta, adaptando el entorno a sus necesidades.
Adelantamos aquí una idea resumen del proceso de hominización: La evolución humana no es un proceso lineal, sino que presenta variadas ramificaciones, de manera que nos vamos a encontrar con especies distintas de homínidos que van a vivir al mismo tiempo. Algunos se extinguirán y otros continuarán evolucionando.
viernes, 13 de marzo de 2020
jueves, 23 de enero de 2020
Introducción a la Filosofía
III. Las disciplinas filosóficas: ¿Cuáles son las preguntas?.
IV. Sentido y necesidad de la filosofía.
lunes, 16 de diciembre de 2019
El error como motor de la evolución
El Texto genético sufre errores cuando se copia o se intentan reparar los daños que pueda sufrir
ENRIQUE CERDÁ OLMEDO - 22/08/2004
La diversidad de los seres vivos, incluso dentro de la misma especie, la transmisión de rasgos de unas generaciones a otras y la eficacia de la selección de muchos rasgos deseables se conocían y se aplicaban mucho antes de que Darwin formulario sus pensamientos, hace casi 150 años.
Un aspecto esencial, el origen de la diversidad, solo empezó a entenderse ya bien rodado el siglo XX, cuando se Averigua que todos los seres vivos contienen y transmiten a sus descendientes un texto (el ADN) escrito con un sencillo alfabeto de cuatro letras ( los nucleótidos). El texto genético no puede mantenerse constante, porque sufre errores cuando se copia o se intentan reparar los daños que pueda sufrir. Por ejemplo, las radiaciones ultravioleta y otras de energía aún mayor y muchos compuestos químicos, naturales o artificiales, alteran el ADN y hacen su información difícil o imposible de leer y ejecutar. No hay copista perfecto ni restaurador que acierte siempre con el contenido original de un texto dañado.
Nuestras células tienen varios equipos de copia y reparación que se componen de más de 150 proteínas distintas, entre ellas al menos quince copiadoras (polimerasas del ADN) con distintos grados de fidelidad. En funcionamiento normal cometemos un error por cada mil millones de letras copiadas, pero esta cifra varía según las circunstancias y de unos seres vivos a otros. Muchos virus hacen un error por cada mil o diez mil letras copiadas. Las reparaciones son en general más defectuosas que la copia normal, sobre todo cuando los daños son graves y abundantes.
Con el tiempo, los cambios de texto (mutaciones) se acumularían de padres a hijos, a menos que se eliminarán por selección. Mientras se mantienen, constituyen el lastre genético de la población, el conjunto de defectos hereditarios que, más o menos, nos afectan a todos. Un aumento considerable de la frecuencia de mutación, digamos al doble, causar un lastre genético incompatible con el mantenimiento de nuestras sociedades. Una frecuencia de mutación menor habría dificultad la aparición de los cambios heredables que nos han llevado a ser lo que somos. También harán falta nuevos cambios genéticos si nuestra especie aspira a sobrevivir y reproducirse eficazmente en un mundo cambiante. La conservación es una batalla perdida de antemano; el ingenio no nos bastón para adaptarnos a los cambios pasados y no creo que baste para adaptarnos a los futuros.
En el desarrollo de un organismo los cambios genéticos pueden ser perjudiciales. Por ejemplo, el cáncer se debe a la aparición de ciertas mutaciones en nuestras células somáticas, las que forman nuestros tejidos pero no van a dar lugar a nuestros hijos. Se explica de esta manera que sufran muchos tumores las personas que tienen equipos defectuosos de copia y reparación y las que se exponen a agentes que dañan el texto genético.
Liberadas de la servidumbre de sufrir mutaciones para favorecer la evolución, nuestras células somáticas podrían tener equipos perfectísimos de copia y reparación, al menos como los mejores que se encuentran en otros organismos. Triste es que carecemos de fotoliasas, unas proteínas que usan casi todos los seres vivos para reparar muy eficazmente los daños producidos por las radiaciones ultravioleta aprovechando la energía que llega con la luz del sol.
Sospechamos por tanto que esas carencias tienen la utilidad de limitar nuestras vidas para dejar sitio a nuestros descendientes y vía libre a la evolución biológica. Si queremos que nuestros descendientes sean matusalenes en serie, tendríamos que ir pensando en modificar los genes responsables de los equipos de copia y reparación de nuestras células somáticas.
E. CERDÁ, catedrático de Genética, Universidad de Sevilla
Temas relacionados: ¿Es el cerebro humano fruto de un error en la evolución?
ENRIQUE CERDÁ OLMEDO - 22/08/2004
La diversidad de los seres vivos, incluso dentro de la misma especie, la transmisión de rasgos de unas generaciones a otras y la eficacia de la selección de muchos rasgos deseables se conocían y se aplicaban mucho antes de que Darwin formulario sus pensamientos, hace casi 150 años.
Un aspecto esencial, el origen de la diversidad, solo empezó a entenderse ya bien rodado el siglo XX, cuando se Averigua que todos los seres vivos contienen y transmiten a sus descendientes un texto (el ADN) escrito con un sencillo alfabeto de cuatro letras ( los nucleótidos). El texto genético no puede mantenerse constante, porque sufre errores cuando se copia o se intentan reparar los daños que pueda sufrir. Por ejemplo, las radiaciones ultravioleta y otras de energía aún mayor y muchos compuestos químicos, naturales o artificiales, alteran el ADN y hacen su información difícil o imposible de leer y ejecutar. No hay copista perfecto ni restaurador que acierte siempre con el contenido original de un texto dañado.
Nuestras células tienen varios equipos de copia y reparación que se componen de más de 150 proteínas distintas, entre ellas al menos quince copiadoras (polimerasas del ADN) con distintos grados de fidelidad. En funcionamiento normal cometemos un error por cada mil millones de letras copiadas, pero esta cifra varía según las circunstancias y de unos seres vivos a otros. Muchos virus hacen un error por cada mil o diez mil letras copiadas. Las reparaciones son en general más defectuosas que la copia normal, sobre todo cuando los daños son graves y abundantes.
Con el tiempo, los cambios de texto (mutaciones) se acumularían de padres a hijos, a menos que se eliminarán por selección. Mientras se mantienen, constituyen el lastre genético de la población, el conjunto de defectos hereditarios que, más o menos, nos afectan a todos. Un aumento considerable de la frecuencia de mutación, digamos al doble, causar un lastre genético incompatible con el mantenimiento de nuestras sociedades. Una frecuencia de mutación menor habría dificultad la aparición de los cambios heredables que nos han llevado a ser lo que somos. También harán falta nuevos cambios genéticos si nuestra especie aspira a sobrevivir y reproducirse eficazmente en un mundo cambiante. La conservación es una batalla perdida de antemano; el ingenio no nos bastón para adaptarnos a los cambios pasados y no creo que baste para adaptarnos a los futuros.
En el desarrollo de un organismo los cambios genéticos pueden ser perjudiciales. Por ejemplo, el cáncer se debe a la aparición de ciertas mutaciones en nuestras células somáticas, las que forman nuestros tejidos pero no van a dar lugar a nuestros hijos. Se explica de esta manera que sufran muchos tumores las personas que tienen equipos defectuosos de copia y reparación y las que se exponen a agentes que dañan el texto genético.
Liberadas de la servidumbre de sufrir mutaciones para favorecer la evolución, nuestras células somáticas podrían tener equipos perfectísimos de copia y reparación, al menos como los mejores que se encuentran en otros organismos. Triste es que carecemos de fotoliasas, unas proteínas que usan casi todos los seres vivos para reparar muy eficazmente los daños producidos por las radiaciones ultravioleta aprovechando la energía que llega con la luz del sol.
Sospechamos por tanto que esas carencias tienen la utilidad de limitar nuestras vidas para dejar sitio a nuestros descendientes y vía libre a la evolución biológica. Si queremos que nuestros descendientes sean matusalenes en serie, tendríamos que ir pensando en modificar los genes responsables de los equipos de copia y reparación de nuestras células somáticas.
E. CERDÁ, catedrático de Genética, Universidad de Sevilla
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jueves, 5 de diciembre de 2019
Cuidado con los boludos
Facundo Cabral -
El universo siempre está dispuesto a complacernos, por eso estamos rodeados de buenas noticias. Cada mañana es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia. Porque cada niño que nace significa que dios todavía cree en nosotros, si no no seguiría mandando gente al mundo. Es más, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor es un soldado menos.
Mi abuela decía -Habría que acabar con los uniformes que le dan autoridad a cualquiera, porque ¿Qué es un general desnudo? – Tenía derecho a hablar de esto porque ella estuvo casada con un Coronel. Que eso si había que reconocerlo era un hombre muy valiente. Solamente le tenía miedo a los boludos.
Un día le pregunte ¿Por qué? y me dijo – Porque son muchos, ¡no hay forma de cubrir semejante frente! Por temprano que te levantes, a donde vayas, ¡ya está lleno de boludos! y son peligrosos, porque al ser mayoría eligen hasta el presidente… Y los hay de toda categoría, por ejemplo:
El boludo informático, que es un boludo computado.
El boludo burócrata, que es oficialmente boludo.
El boludo optimista, que cree que no es boludo.
El boludo pesimista, que cree que él es el único boludo.
El boludo esférico, porque es boludo por todos lados.
El boludo fosforescente, porque hasta de noche se ve que por allá viene un boludo.
El boludo de referencia, ¿Dónde está Alberto? allá al lado del boludo de traje marrón.
El boludo de sangre azul, que es hijo y nieto de boludos.
Y el más peligroso de todos, el boludo demagogo, que cree que el pueblo entero es boludo!
https://www.youtube.com/watch?reload=9&time_continue=163&v=jTi1u59ECSc&feature=emb_logo
martes, 29 de octubre de 2019
ELOGIO DE LA DIFICULTAD
ESTANISLAO ZULETA
EL AUDAZ PENSADOR COLOMBIANO, 1935 -1990
* Conferencia que el Doctor
Estanislao Zuleta presentó en el acto mediante el cual la Universidad del valle
le otorgó el titulo Honoris Causa en Psicología..
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La pobreza de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, piases de Cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto también sin carencias y sin deseo; un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.
Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros propósitos y nuestros anhelos en la vida practica. Aquí mismo en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada, de las reconciliaciones totales, de las soluciones definitivas. Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos; que nuestra desgracia no está tanto en las frustraciones de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En lugar de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades , deseamos un mundo de la satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abierta, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente si han existido.
Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que queremos regresar a él.
Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia el reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia -por la desgracia- de una revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuan próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. LA idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad: en un sistema de pensamiento, que los que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos, no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de propósitos malignos. En lugar de discutir un razonamiento se lo reduce a un juicio de pertenencia al otro – y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo-, o sea procede a un juicio de intenciones. Y en este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solo rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo está contra mi, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la Razón que consiste en la petición de un fundamento último e incondicionado de todas las cosas, así también hay un verdadero abismo de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la “causa” absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.
Ahora sabemos que por una amarga experiencia que este abismo de la acción, con sus guerras santas y orgías de fraternidad no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficiencia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular –todos lo son- como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira.
El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por participación, separan un interior bueno –el grupo- y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda de la angustia, , se distribuye mágicamente la ambivalencia de un amor por lo propio y y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad. Y cuando digo aquí facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas, se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios; que sus miembros aceptan y desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, por que lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto.
Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticos y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que le fueron extrañas en su origen, es el descrédito en el que cae el concepto de respeto, ni de reciprocidad, ni de vigilancia de normas universales. Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se ha abdicado las más caras esperanzas. Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia puede disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una crítica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera de ninguna otra. Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia de las normas y las leyes de cualquier tipo, son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la Promesa; por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuanto ya no creen en la misión incondicionada.
Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se han desechado o estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que una crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el solo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior.
Lo más difícil, lo más importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquella sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos contraria al eterno hosanna del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre las cosas mismas, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.
Hay que observar con cuanta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida social y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica; es decir el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasos y los errores propios y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado, es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura. El es así, yo me vi obligado. El cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar el resultado. El discurso del otro no es más que un síntoma de sus particularidades, de su raza, de su sexo, de su neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferíamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los resultados.
Y cuando de este modo nos empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo.
La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa.
En el carnaval de miseria y de derroche propio del capitalismo tardío se oye a la vez lejana y urgente la voz de Gothe y Marx que nos convocan a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de la conquista de la humanidad.
Dostoyevski nos enseñó a mirar hasta donde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van no sólo en el sentido de buscar el poder, ya que sino se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo que Bahro llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga sentido. Dostoyevski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadena, los amos, las seguridades porque nos evitan las angustia de la razón.
Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automoviles ni con televisores,; surge la rebelión magnifica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado.
Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto:
“También esta noche, Tierra, permaneciste firme.
Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor.
Y alientas otra vez en mí
La inspiración de luchar sin descanso
Por una altísima existencia”
viernes, 27 de septiembre de 2019
viernes, 20 de septiembre de 2019
domingo, 21 de julio de 2019
La jornada única y la calidad de la educación
Por Julián De Zubiría Samper*
"Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes": A. Einstein
El presidente de la República y la einistra de Educación lanzaron un plan piloto para evaluar el impacto de la jornada única en la calidad de la educación. La idea es poner a prueba la medida en 550 colegios en algunas regiones del país. En su fase experimental, el programa trabajará con 5.400 estudiantes del grado noveno y, según el balance, se generalizará la experiencia a mediano plazo en el país.
En términos generales es difícil oponerse a la extensión de la jornada para los estudiantes, ya que los aleja de otras actividades de riesgo para su desarrollo social, psicológico y emocional. Así mismo, garantizar la alimentación de los estudiantes contribuye a asegurar el derecho a la educación, del cual siguen careciendo buena parte de los niños colombianos en su edad inicial y de los jóvenes en la educación media. Sin embargo, pese a los efectos positivos, esta propuesta incidirá relativamente poco en la calidad pues no interviene los factores esenciales que causan la baja calidad en la educación del país.
La jornada única para la educación básica del país es supremamente costosa, ya que implica nuevas contrataciones de docentes, ampliación de infraestructura y cubrimiento de la alimentación para la población estudiantil. Proporcionalmente puede ser una de las medidas que genere menor relación costo-beneficio sobre la calidad de la educación.
El plan piloto parte del hecho de que los colegios privados obtienen mejores resultados porque trabajan ocho horas al día, en tanto en los públicos solo lo hacen 5,5 horas. Esta afirmación es solo parcialmente cierta, pero, lo que es más importante, es muy poco explicativa. Es cierto que solo un 10 % de los estudiantes de los colegios públicos asisten en jornada completa a sus clases, pero no es por ello que sus resultados son tan bajos. Sus resultados son muy bajos porque trabajan anualmente con trece o quince asignaturas que siguen abordando currículos totalmente impertinentes, centrados en informaciones fragmentadas y descontextualizadas; porque sus maestros tienen bajos niveles de formación pedagógica y de reconocimiento social y cultural; porque los docentes no desarrollaron en las Facultades de Educación a las que asistieron, verdaderas competencias profesionales que les ayuden a cualificar las competencias argumentativas, interpretativas y ciudadanas de sus estudiantes.
En las instituciones públicas falta mayor articulación y trabajo en equipo, para priorizar lo que debería hacerse en la educación básica en todos los grados y áreas: el desarrollo de las competencias básicas para pensar, comunicarse y convivir. Los resultados son bajos porque los Rectores están dedicados a resolver problemas administrativos, derechos de petición, tutelas y trámites ante las Secretarías de educación y las entidades de control; y debido a ello, tienden a dejar de lado el liderazgo pedagógico y no logran cohesionar a la comunidad educativa en torno a las metas institucionales. Los resultados son bajos porque las instituciones educativas públicas no cuentan con la participación suficiente de la comunidad ni con la autonomía necesaria para consolidar el PEI, ya que la que les concedió la Ley General de educación de 1994, se refundió y empapeló durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe, periodo en el cual se privilegiaron los aspectos administrativos en las instituciones educativas en detrimento de los pedagógicos.
En los colegios privados con mejores resultados, casi todos los niños que asisten a sus aulas previamente han estado por lo menos tres años en la educación inicial, vienen de entornos socioculturales más enriquecidos y poseen para sus docentes mejores criterios de selección, estímulo y reconocimiento. En estos colegios, la evaluación de docentes es pensada para el mejoramiento continuo, y por ello va acompañada de estrategias y compromisos para superar las debilidades que se detectan en los procesos. En los colegios públicos la evaluación de docentes es débil, nominal y rutinaria en los casos en que se realiza. Los colegios privados con mejor balance asumen en mayor grado la autonomía que les da la Ley General para repensar el currículo y contextualizar su trabajo; pero muy especialmente, en éstos hay mayor cohesión, liderazgo pedagógico y especial énfasis en la formación in situ de los docentes. Los maestros, muchos de ellos profesionales y no licenciados, se reúnen semanalmente para repensar el PEI, el currículo, las evaluaciones y las didácticas, para evaluar el desarrollo de los procesos pedagógicos. Convierten así, sus prácticas en praxis y cada año que pasa van enriqueciendo su labor pedagógica. Por el contrario, en la educación pública los docentes tienden a la rutina y por ello, la antigüedad está negativamente asociada a la calidad, como lo verifican diversas investigaciones recientes.
Así como la calentura no está en las sábanas, en la duración de la jornada no se encuentra la explicación de los bajos resultados que obtienen nuestros estudiantes en las pruebas nacionales e internacionales. En Finlandia, por ejemplo, niños y jóvenes estudian en una jornada casi igual a la que se realiza actualmente en la educación pública del país (seis horas) y todos sabemos que ellos son los primeros del mundo en las pruebas PISA para el acumulado del periodo 2000 - 2012. La solución no es alargar las jornadas o los años de estudio, sino hacer un trabajo más pertinente, colectivo, integral y contextualizado durante la jornada de trabajo escolar.
En consecuencia, si queremos mejorar la calidad de la educación que se brinda en las instituciones de educación pública, tendremos que disminuir el número de asignaturas y realizar una profunda transformación de los currículos actuales priorizando las competencias transversales. Necesitamos reuniones semanales de profesores en todas las instituciones educativas y cualificar el trabajo pedagógico durante las semanas institucionales; hay que garantizar que estén al frente de estas instituciones verdaderos líderes pedagógicos y asegurar los 3 años de educación inicial que estableció 20 años atrás la Ley General de educación para todos y todas, pero que siguen incumpliendo cada uno de los gobernantes.
Hace ya mucho tiempo deberíamos habernos dado cuenta: si seguimos haciendo lo mismo una y otra vez, no vamos a obtener resultados diferentes. Por ello, también preocupa que esas horas adicionales de la jornada se dediquen al refuerzo de matemáticas y ciencias, no a desarrollar procesos poco trabajados en la educación pública y ligados al arte, el deporte, las competencias ciudadanas, el desarrollo del pensamiento y la formación ética.
*Fundador y Director del Instituto Alberto Merani.
Para leer otros análisis sobre la política pública en educación, siga nuestro perfil en Twitter, @SemanaEd
El presidente de la República y la einistra de Educación lanzaron un plan piloto para evaluar el impacto de la jornada única en la calidad de la educación. La idea es poner a prueba la medida en 550 colegios en algunas regiones del país. En su fase experimental, el programa trabajará con 5.400 estudiantes del grado noveno y, según el balance, se generalizará la experiencia a mediano plazo en el país.
En términos generales es difícil oponerse a la extensión de la jornada para los estudiantes, ya que los aleja de otras actividades de riesgo para su desarrollo social, psicológico y emocional. Así mismo, garantizar la alimentación de los estudiantes contribuye a asegurar el derecho a la educación, del cual siguen careciendo buena parte de los niños colombianos en su edad inicial y de los jóvenes en la educación media. Sin embargo, pese a los efectos positivos, esta propuesta incidirá relativamente poco en la calidad pues no interviene los factores esenciales que causan la baja calidad en la educación del país.
La jornada única para la educación básica del país es supremamente costosa, ya que implica nuevas contrataciones de docentes, ampliación de infraestructura y cubrimiento de la alimentación para la población estudiantil. Proporcionalmente puede ser una de las medidas que genere menor relación costo-beneficio sobre la calidad de la educación.
El plan piloto parte del hecho de que los colegios privados obtienen mejores resultados porque trabajan ocho horas al día, en tanto en los públicos solo lo hacen 5,5 horas. Esta afirmación es solo parcialmente cierta, pero, lo que es más importante, es muy poco explicativa. Es cierto que solo un 10 % de los estudiantes de los colegios públicos asisten en jornada completa a sus clases, pero no es por ello que sus resultados son tan bajos. Sus resultados son muy bajos porque trabajan anualmente con trece o quince asignaturas que siguen abordando currículos totalmente impertinentes, centrados en informaciones fragmentadas y descontextualizadas; porque sus maestros tienen bajos niveles de formación pedagógica y de reconocimiento social y cultural; porque los docentes no desarrollaron en las Facultades de Educación a las que asistieron, verdaderas competencias profesionales que les ayuden a cualificar las competencias argumentativas, interpretativas y ciudadanas de sus estudiantes.
En las instituciones públicas falta mayor articulación y trabajo en equipo, para priorizar lo que debería hacerse en la educación básica en todos los grados y áreas: el desarrollo de las competencias básicas para pensar, comunicarse y convivir. Los resultados son bajos porque los Rectores están dedicados a resolver problemas administrativos, derechos de petición, tutelas y trámites ante las Secretarías de educación y las entidades de control; y debido a ello, tienden a dejar de lado el liderazgo pedagógico y no logran cohesionar a la comunidad educativa en torno a las metas institucionales. Los resultados son bajos porque las instituciones educativas públicas no cuentan con la participación suficiente de la comunidad ni con la autonomía necesaria para consolidar el PEI, ya que la que les concedió la Ley General de educación de 1994, se refundió y empapeló durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe, periodo en el cual se privilegiaron los aspectos administrativos en las instituciones educativas en detrimento de los pedagógicos.
En los colegios privados con mejores resultados, casi todos los niños que asisten a sus aulas previamente han estado por lo menos tres años en la educación inicial, vienen de entornos socioculturales más enriquecidos y poseen para sus docentes mejores criterios de selección, estímulo y reconocimiento. En estos colegios, la evaluación de docentes es pensada para el mejoramiento continuo, y por ello va acompañada de estrategias y compromisos para superar las debilidades que se detectan en los procesos. En los colegios públicos la evaluación de docentes es débil, nominal y rutinaria en los casos en que se realiza. Los colegios privados con mejor balance asumen en mayor grado la autonomía que les da la Ley General para repensar el currículo y contextualizar su trabajo; pero muy especialmente, en éstos hay mayor cohesión, liderazgo pedagógico y especial énfasis en la formación in situ de los docentes. Los maestros, muchos de ellos profesionales y no licenciados, se reúnen semanalmente para repensar el PEI, el currículo, las evaluaciones y las didácticas, para evaluar el desarrollo de los procesos pedagógicos. Convierten así, sus prácticas en praxis y cada año que pasa van enriqueciendo su labor pedagógica. Por el contrario, en la educación pública los docentes tienden a la rutina y por ello, la antigüedad está negativamente asociada a la calidad, como lo verifican diversas investigaciones recientes.
Así como la calentura no está en las sábanas, en la duración de la jornada no se encuentra la explicación de los bajos resultados que obtienen nuestros estudiantes en las pruebas nacionales e internacionales. En Finlandia, por ejemplo, niños y jóvenes estudian en una jornada casi igual a la que se realiza actualmente en la educación pública del país (seis horas) y todos sabemos que ellos son los primeros del mundo en las pruebas PISA para el acumulado del periodo 2000 - 2012. La solución no es alargar las jornadas o los años de estudio, sino hacer un trabajo más pertinente, colectivo, integral y contextualizado durante la jornada de trabajo escolar.
En consecuencia, si queremos mejorar la calidad de la educación que se brinda en las instituciones de educación pública, tendremos que disminuir el número de asignaturas y realizar una profunda transformación de los currículos actuales priorizando las competencias transversales. Necesitamos reuniones semanales de profesores en todas las instituciones educativas y cualificar el trabajo pedagógico durante las semanas institucionales; hay que garantizar que estén al frente de estas instituciones verdaderos líderes pedagógicos y asegurar los 3 años de educación inicial que estableció 20 años atrás la Ley General de educación para todos y todas, pero que siguen incumpliendo cada uno de los gobernantes.
Hace ya mucho tiempo deberíamos habernos dado cuenta: si seguimos haciendo lo mismo una y otra vez, no vamos a obtener resultados diferentes. Por ello, también preocupa que esas horas adicionales de la jornada se dediquen al refuerzo de matemáticas y ciencias, no a desarrollar procesos poco trabajados en la educación pública y ligados al arte, el deporte, las competencias ciudadanas, el desarrollo del pensamiento y la formación ética.
*Fundador y Director del Instituto Alberto Merani.
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Fuente: Semana.com
viernes, 5 de julio de 2019
Para jugar «verdad o reto"
Preguntas para Verdad o Reto (Buenas y Fuertes)
Por Linda Cruz
Te dejo las mejores preguntas para jugar a «verdad o reto», uno de los juegos más divertidos y disfrutados por niños, adolescentes e incluso adultos. Podrás encontrar preguntas buenas y divertidas, fuertes y atrevidas o para novios y novias.
Con estas preguntas te divertirás y te reirás mucho, además podrás hacer que tus amigos tengan que esforzarse por jugar, preguntándoles cosas que no se esperan ni ellos ni el grupo entero.
¿Cuál es tu placer prohibido?
¿Qué es lo más extraño que has buscado en internet?
¿Cuál es la cosa más infantil que todavía haces?
¿Qué no has contado nunca a nadie?
¿Cuándo ha sido el momento más inapropiado de tu vida en que te has tirado un pedo?
Verdad o reto es un juego en el que sus jugadores tienen dos opciones: o responder a una pregunta, cualquiera que los otros participantes hagan, o realizar un reto que les propongan. También es conocido como Verdad o desafío, Verdad o atrevimiento, Verdad o consecuencia, ¿La verdad o te atreves? o Verdad o acción.
¿Cómo jugar a Verdad o reto?
1-Reúne a tus amigos/participantes y hacer un círculo cerrado.
2-El primer jugador le propondrá «verdad o reto» a la persona de su izquierda. Si elige la pregunta, tendrá que responder cualquier cosa que le pregunte, si elige reto tendrá que atreverse a realizarlo.
3-Este mismo proceso se realiza con todos los jugadores que forman el grupo.
También se puede hacer en pareja.
Otra modalidad es:
1-Se preparan dos canastas: una con papeles con preguntas y otra con papeles con retos.
2-Por turnos, cada participante mete la mano en la canasta que elija y toma un papel (con los ojos cerrados). El participante tendrá que responder a la pregunta o realizar el reto.
3-Para hacerlo más divertido, se puede crear la regla de que cada participante tenga que escoger el mismo número de retos que de preguntas.
Preguntas buenas y divertidad para Verdad o reto
¿Si tuvieras un control remoto que funciona sobre cualquier cosa, ¿qué controlaría?
¿Cuál es el hábito más repugnante que tienes?
¿Qué quieres que tus padres nunca sepan?
¿A quién salvarías si viene un meteorito y solo puedes salvar a una persona?
¿Cuál es tu estrategia para conquistar a una mujer/hombre?
¿Qué es lo más loco que has hecho sin que tus padres lo sepan?
¿Qué harías si tus padres te dejaran en casa durante una semana entera?
¿Alguna vez te gustó uno de tus profesores en la escuela?
¿Cuál es la foto más vergonzosa de ti?
¿Cuál es la cosa más cara que has robado?
¿Qué cosa mala has hecho que nadie descubrió?
¿Quién es la persona que más has lamentado besar?
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